El archivo del pasado
El aire en el vestíbulo del hotel, tras la gala, se sentía viciado, cargado con el perfume caro y la hipocresía de los inversores que aún cuchicheaban a sus espaldas. Elena apretó su bolso de mano con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, un recordatorio físico de que su taller, su única vida, pendía de un hilo que Julián sostenía con guante de seda.
—Tu actuación fue impecable, Elena —la voz de Julián resonó a sus espaldas. No la buscaba para consolarla; la buscaba para asegurar su inversión. Se detuvo a su lado, su presencia imponiendo una ba
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