La gala de la humillación
El mármol del Gran Hotel Metropolitano no era suelo, era un espejo que devolvía una imagen de Elena que ella apenas reconocía: la de una mujer a la venta. El vestido de seda negra, una imposición contractual de Julián, pesaba sobre sus hombros como una sentencia. El plazo de su deuda había vencido hace exactamente doce minutos. A partir de ese instante, cada respiro de su taller, cada segundo de seguridad para Leo, dependía de la voluntad del hombre que caminaba a su lado.
—No te atrevas a flaquear ahora —la voz de Julián, gélida y precisa, cortó el murmullo del vestíbulo. No se detuvo, pero Elena sintió la p
Preview ends here. Subscribe to continue.