El archivo de la discordia
El silencio en el penthouse no era una ausencia de sonido; era una estructura de acero, tan gélida como las paredes de mármol que los rodeaban tras la gala. Elena cruzó el umbral, sintiendo cómo el peso de su vestido de seda se volvía una armadura insoportable. Había sobrevivido a las miradas de los inversores y a la insistencia depredadora de Ricardo, pero el verdadero campo de batalla estaba allí, en la neutralidad hostil de la sala principal.
Julián se despojó de su chaqueta, dejándola caer sobre el respaldo del sofá con una despreocupación calcul
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