La fachada bajo fuego
El vestidor del penthouse de Julián Varela era una sala de operaciones donde la piel se convertía en armadura. Elena se observó en el espejo: el vestido de seda negro no era una elección estética, sino un uniforme de guerra. Cada fibra le recordaba su nueva realidad. Ya no era la madre que vivía en las sombras, sino el activo más valioso en el portafolio de Julián.
La puerta se abrió sin previo aviso. Julián entró, su presencia absorbiendo el oxígeno. Sus ojos recorrieron la silueta de Elena con una precisión quirúrgica, evaluando si el producto cumplía con los estándares exigidos para la gala de esta noche.
—No necesitas ese nerviosismo —dijo él, su voz una advertencia envuelta en seda—. La prensa no busca a una mujer r
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