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Chapter 10: Más allá del escalafón

Mateo escapa de la arena tras su victoria, utilizando el registro prohibido para evadir la vigilancia. En el taller, descubre que Silas fue el arquitecto original del sistema de la Academia y fue traicionado. Con esta información, Mateo infiltra los pasillos de servicio de la Academia para exponer la corrupción, aunque su bastidor está al borde del colapso total.

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Más allá del escalafón

El Bastardo no aterrizó; se desplomó. El impacto contra la plataforma de la arena hizo que el chasis, una amalgama de acero reciclado y componentes militares de origen dudoso, emitiera un gemido metálico que se sintió en los dientes de Mateo. La integridad estructural parpadeaba en rojo: 15%. Un golpe más y el bastidor se convertiría en un ataúd de chatarra.

—Piloto Varga, permanezca en la unidad. La seguridad de la Academia está en camino —la voz del locutor, distorsionada por los altavoces, sonaba como una sentencia.

Mateo no respondió. Sus manos, manchadas de grasa negra y sangre seca, volaron sobre la consola. La vigilancia de grado cuatro no era solo una advertencia; era una soga al cuello. Si los técnicos de la Academia extraían el núcleo, encontrarían la unidad de control de flujo ilegal y la firma energética que delataría el robo de piezas de la familia Valerius. Su victoria, esa emboscada imposible contra tres oponentes, se convertiría en su tumba legal.

Activó el registro prohibido, un protocolo de sobrecarga que Silas le había enseñado a usar solo en caso de emergencia absoluta. Los sensores de la arena parpadearon y se tornaron estáticos. Fue un segundo de ceguera técnica, suficiente para que Mateo cortara los anclajes de seguridad y deslizara el Bastardo hacia el túnel de mantenimiento lateral. Elena Valerius observaba desde la pasarela, su rostro una máscara de desdén aristocrático, pero Mateo ya no la veía; solo veía la salida.

El taller de Silas era un refugio de sombras y cables expuestos. Mateo estrelló su llave inglesa contra el banco de trabajo, haciendo saltar chispas que iluminaron el rostro ceniciento de su mentor.

—¡El núcleo está rechazando el enlace, Silas! —rugió Mateo—. Si no estabilizas la tasa de sincronización, el mech me freirá el sistema nervioso antes de que pise la arena. ¿Qué demonios le hiciste a este motor?

Silas, con las manos temblorosas ocultas bajo trapos grasientos, retrocedió.

—No es el motor, muchacho. Es el código fuente. La Academia no nos da tecnología, nos da grilletes.

Mateo acorraló al viejo contra el chasis desmantelado. La desconfianza era un veneno espeso entre ellos. Silas suspiró y deslizó un chip de datos amarillento sobre el metal frío. Al insertarlo, la interfaz del taller parpadeó, revelando una arquitectura de red que no pertenecía a la Academia, sino a una firma técnica que Silas mismo había diseñado décadas atrás. Mateo sintió un frío glacial recorrerle la espalda: el sistema de clasificación, la jerarquía, el ciclo de vida de los pilotos... todo estaba diseñado para filtrar tecnología hacia la élite, con Silas como el arquitecto original, traicionado y condenado al olvido por quienes ahora ostentaban el poder.

—Tú lo creaste —susurró Mateo, la traición golpeándole más fuerte que cualquier impacto en la arena—. Y ellos te usaron para construir su jaula.

—Y ahora tú tienes la llave para incendiarla —respondió Silas, su voz cargada de una redención amarga.

Mateo no esperó más. Con el Bastardo al límite, forzó la entrada a los pasillos de servicio de la Academia. El metal del bastidor crujía con un lamento sordo; cada paso que daba dejaba una estela de aceite hirviente. Frente a él, el pasillo de seguridad estaba custodiado por drones centinela. Mateo inyectó el código de Silas en la red central, forzando una sobrecarga masiva que apagó las luces de todo el nivel. Las pantallas de la Ciudadela de Hierro comenzaron a parpadear, mostrando, por primera vez, la verdad detrás del escalafón: el diseño original, el robo de tecnología y el ciclo de corrupción.

Sin embargo, el núcleo del Bastardo comenzó a fundirse. La integridad marcaba un 5% y caía en picado. Mateo estaba en el corazón del sistema, pero su bastidor estaba a punto de convertirse en su ataúd. Una maniobra más significaría el colapso total, pero era la única forma de llegar a la sala de control y terminar lo que Silas había comenzado.

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