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Chapter 6: Duelo en el foso

Mateo es interrogado y multado por la Academia tras su victoria contra Vance. Su bastidor es confiscado y su saldo queda en negativo, dejándolo insolvente. Silas le sugiere una vía de escape en el mercado negro, mientras un misterioso patrocinador contacta a Mateo, revelando que conoce su secreto técnico.

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Duelo en el foso

El zumbido de la celda de contención era un tono puro, clínico, diseñado para quebrar la voluntad de los pilotos insolventes. Mateo Varga abrió los ojos, pero el dolor en su nuca le devolvió la oscuridad. No era el cansancio de una jornada en el desguace; era el eco residual de la sobrecarga neuronal, el precio de haber forzado al Bastardo más allá de sus límites de fábrica.

Frente a él, un holograma proyectaba la telemetría de su bastidor durante el duelo contra Kaelen Vance. La firma energética era una mancha negra, una irregularidad violenta que delataba el uso del registro prohibido. Debajo, el saldo de su cuenta personal parpadeaba en rojo: una multa por «conducta temeraria de grado crítico» que superaba cualquier ganancia obtenida en la arena.

—Tu bastidor ha emitido una frecuencia no autorizada —la voz de la auditora, una mujer de facciones afiladas como una cuchilla, cortó el aire—. Has violado los protocolos de seguridad de la Academia. La técnica que utilizaste para sobrecargar los actuadores de Vance no figura en los manuales. Es una aberración técnica, Varga.

Mateo intentó incorporarse, pero las abrazaderas magnéticas en sus antebrazos lo mantuvieron anclado a la camilla. A través del cristal reforzado, vio a Elena Valerius observando la escena desde el pasillo. Ella ni siquiera se molestó en ocultar su desprecio; era la heredera perfecta, alguien que nunca había tenido que vender su dignidad por un repuesto de segunda mano. Para ella, Mateo era solo una anomalía estadística que debía ser purgada.

—Fue una maniobra de supervivencia —escupió Mateo, su voz sonando como grava triturada—. Vance intentó dejarme en la chatarra. Si el Bastardo es un desecho, ¿por qué él terminó en la bahía de reparaciones mientras yo sigo aquí, esperando mi turno para ser juzgado por haber ganado?

La auditora no respondió. Se limitó a deslizar una pantalla hacia el oficial de recursos que esperaba en la puerta. Mateo fue escoltado al Módulo de Compensaciones, un espacio donde el aire olía a ozono y a ruina burocrática. Silas, su mentor, lo esperaba cerca de la ventanilla, con las manos temblorosas ocultas en sus bolsillos grasientos. Su mirada era una advertencia silenciosa: no digas una palabra más.

—Piloto Varga —dijo el funcionario de recursos, sin levantar la vista de su tablet—. La auditoría ha concluido. El registro de energía de su bastidor superó los límites de seguridad en un 400%. La Academia ha incautado el Bastardo para una inspección técnica profunda. Además, sus créditos de victoria han sido retenidos íntegramente para cubrir las multas de reparación y la limpieza de los sensores de la arena. Su saldo actual es negativo. Está técnicamente insolvente.

El golpe fue directo al estómago. Mateo sintió que el suelo se inclinaba bajo sus pies. Sin créditos, el Bastardo no solo sería desmantelado; él perdería el derecho a competir, quedando condenado al ostracismo. Silas se acercó lo suficiente para susurrar mientras los guardias lo obligaban a retroceder.

—Mateo, escucha —dijo el viejo mecánico, con la voz apenas audible—. En el sector bajo, el vendedor del mercado sectario tiene algo que no es de la Academia. Si logras recuperar el bastidor, esa pieza de control térmico es tu única salida para estabilizar la firma ilegal. Es una apuesta suicida, pero es la única que te queda.

Mateo fue llevado de vuelta a la celda de espera. Mientras los guardias se alejaban, el silencio de la sala fue interrumpido por un pitido agudo en su comunicador privado, un dispositivo que la Academia aún no había registrado. Un mensaje de texto parpadeó en la pantalla, breve y gélido: 'Sé lo que escondes en tu bastidor. No eres el único que juega con fuego prohibido. Tenemos mucho de qué hablar.'

Mateo apretó los puños, sintiendo el peso de la deuda y la incertidumbre de un patrocinador desconocido. La victoria contra Vance no había sido el final; era apenas la primera grieta en un sistema diseñado para aplastarlo, y ahora, el techo de su mundo acababa de elevarse, revelando un abismo mucho más profundo.

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