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Chapter 3: La escalera de la humillación

Mateo sobrevive a la prueba de obstáculos utilizando una técnica prohibida, logrando escalar del puesto 100 al 85 en el ranking. Sin embargo, su éxito atrae la atención de los auditores y le impone una multa que triplica su deuda. El capítulo cierra con la revelación de que su próximo rival es Kaelen Vance, un protegido de la élite, obligando a Mateo a considerar activar un registro prohibido aún más peligroso.

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La escalera de la humillación

El zumbido del Bastardo no era una melodía; era un lamento metálico que Mateo sentía vibrar en sus propios dientes. Bajo la luz roja y parpadeante de la vigilancia de grado 4, el taller de Silas parecía una tumba industrial a punto de ser sellada. Cada tornillo que Mateo apretaba en el chasis —una jaula de acero remendado con apenas un 15% de integridad estructural— se sentía como un grito de auxilio contra la inminente prueba de fuego.

—Si esa unidad 7-Beta sigue enviando paquetes de datos encriptados, el Escalafón no solo te descalificará, Mateo. Te convertirán en chatarra antes de que llegues a la línea de salida —sentenció Silas, ajustando un cable con manos temblorosas. Sus dedos, curtidos por décadas de desguace, señalaron el monitor: la telemetría salía disparada hacia los servidores de la Academia. Mateo limpió el sudor de su frente, dejando una mancha de grasa negra que le ardía en la piel. Sabía que su supervivencia dependía de una técnica de pilotaje capaz de ocultar el flujo de energía, pero el Bastardo estaba al límite.

Al día siguiente, el aire en la arena de pruebas era un cóctel de ozono, caucho quemado y el miedo rancio de los pilotos de bajo rango. Mateo se alineó en la última posición, el lugar que la Academia reservaba para los prescindibles. Elena Valerius, desde su bastidor de élite en la zona VIP, ni siquiera lo miró; para ella, Mateo era una anomalía estadística que se corregiría sola. El icono ámbar de vigilancia parpadeaba en su visor, una soga al cuello que se tensaba con cada microsegundo de telemetría.

Cuando la señal de inicio estalló, el Bastardo rugió. Mateo no intentó competir en potencia bruta; en su lugar, ejecutó el 'deslizamiento de inercia', una técnica prohibida que Silas le había enseñado en susurros. En lugar de frenar ante el colapso estructural de la pista, Mateo dejó que la inercia del impacto impulsara al Bastardo hacia adelante. El chasis crujió, al borde de la fractura, pero la maniobra dejó a los favoritos atrás, atrapados en la lógica convencional de la pista. La multitud estalló en un rugido genuino. Por primera vez, el nombre 'Chatarra' Varga se escuchó en los altavoces no como una burla, sino como una amenaza.

Al cruzar la meta, el indicador de integridad parpadeó en un rojo agónico: 15%. Antes de que pudiera desacoplar los controles, los Auditores lo interceptaron. La inspección fue brutal. Mateo, usando el registro de datos de la 7-Beta, simuló un fallo de sobrecalentamiento convencional, engañando a los sensores con una precisión quirúrgica. Los auditores lo dejaron pasar, pero no sin antes imponerle una multa de energía que lo dejó al borde de la insolvencia total. Había escalado del puesto 100 al 85, pero el precio de la victoria era una deuda triplicada.

De regreso en el hangar, la pantalla de su terminal parpadeó con un azul gélido. El ranking oficial se había actualizado, pero la celebración duró poco. Su próximo rival era Kaelen Vance, un protegido de la élite con un bastidor de última generación y el respaldo total de los auditores que hoy buscaban cualquier excusa para decomisar el Bastardo. Silas, al ver la notificación, soltó un gruñido.

—Vance no juega; él borra del mapa a los que estorban. Si quieres sobrevivir, tendremos que usar el registro prohibido que descifré anoche. Es peligroso, Mateo. Si lo activamos, el Bastardo emitirá una firma energética ilegal que la Academia no podrá ignorar.

Mateo miró el bastidor, su única oportunidad de ascenso, y luego la pantalla. El próximo enfrentamiento no era solo una carrera; era una ejecución programada. Aceptó el riesgo, sintiendo cómo el Bastardo comenzaba a emitir un zumbido nuevo, una nota oscura y prohibida que prometía el poder necesario para escalar, o la ruina definitiva.

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