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Chapter 8: El umbral del Top 10

Mateo logra entrar en el Top 10 del ranking justo antes del bloqueo de temporada, a pesar de que su bastidor está al borde del colapso. Tras sobrevivir a una auditoría de seguridad hostil, utiliza el acceso obtenido para hackear los registros de la Academia, descubriendo la magnitud de la conspiración de reciclaje, aunque su intrusión activa una alarma que lo expone ante la administración.

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El umbral del Top 10

El Bastardo exhaló un siseo de vapor refrigerante que olía a ozono y a metal quemado. Mateo Vega saltó desde la cabina, sus botas resonando con un eco seco sobre la rejilla oxidada del taller del Viejo Solís. El chasis del bastidor, una amalgama de placas recuperadas y soldaduras de emergencia, crujió bajo su propio peso. Una grieta de fatiga, fina como un cabello, cruzaba el soporte del motor principal; el metal, estresado por la Sincronización de Núcleo Inestable, se negaba a enfriarse.

—Si lo fuerzas otra vez, el bastidor se convertirá en tu ataúd, muchacho —la voz de Solís retumbó desde el foso, cargada de un cinismo que no lograba ocultar la preocupación. El viejo técnico emergió, limpiándose la grasa de las manos con un trapo impregnado en solvente—. Los sensores de la Academia ya tienen tu firma. No es una sospecha, es un registro. Estás marcado.

Mateo ignoró el dolor en sus costillas mientras arrastraba una caja de herramientas. Sus manos, manchadas de aceite y sangre seca, temblaban. El ranking oficial se bloquearía en cuestión de horas. Había logrado entrar en el Top 10 por un margen de un solo punto, pero ese punto le costaba cada gramo de integridad estructural que le quedaba al Bastardo. No tenía opción; la auditoría de los escuadrones de limpieza era inminente.

Al día siguiente, el aire en la pista de pruebas sabía a ozono quemado. Mateo ajustó los arneses mientras el metal del bastidor emitía un gemido agónico. Afuera, los sensores de la Academia barrían el hangar como dedos inquisidores. Valeria Thorne observaba desde la plataforma superior, su postura impecable, sus ojos fijos en el Bastardo como si pudiera desmantelarlo con la mirada. Había movido sus hilos; ella quería que fuera el primero en la línea de auditoría, esperando ver cómo el bastidor, debilitado por la sincronización inestable, colapsaba bajo el estrés del escáner de alta intensidad.

Mateo sintió el peso de las pruebas documentales de la conspiración ocultas en el servidor de respaldo. Si el escáner penetraba demasiado, no solo perdería el mecha; perdería su única arma. Mientras el haz de luz azulada del escáner descendía sobre su chasis, Mateo sobrecargó brevemente los sensores de la pista con una descarga de energía residual. El sistema parpadeó, confundido por la anomalía, y el escaneo se interrumpió. Pasó la auditoría por un margen mínimo, pero la Academia ahora tenía pruebas irrefutables de su 'anomalía técnica'.

En la plataforma de visualización, el ambiente era gélido. La pantalla holográfica principal parpadeaba: Error de firma energética. Integridad: 12%. Estado: Crítico. Valeria, parada a pocos metros, ajustó sus guantes con una parsimonia insultante.

—Es un milagro que ese amasijo de chatarra aún se mantenga en pie, Vega —dijo ella, con la voz cargada de veneno—. Pero la Academia no premia la supervivencia de los perros callejeros. Premia el orden. Y tú eres un error en el sistema.

El sistema de ranking se bloqueó con un estruendo digital. El nombre de Mateo apareció en el décimo puesto, un punto por encima del corte. Era oficialmente un cadete de élite, pero ahora era un blanco móvil dentro de la Academia. Sin perder un segundo, Mateo regresó a su refugio. Conectó el puerto de datos del Bastardo a la consola central, ignorando la advertencia de Acceso denegado.

—Vamos, maldita sea —masculló. El sistema intentaba purgar su rastro. Introdujo la secuencia de anulación que Solís le había susurrado. Su corazón martilleaba al ver cómo el sistema respondía con una advertencia de seguridad de nivel siete. Al navegar por los archivos, encontró una puerta trasera oculta. No era solo una base de datos; era un protocolo de anulación deliberado, diseñado para manipular los resultados de los cadetes. Mateo rompió la seguridad, revelando la verdad sobre la conspiración, pero al hacerlo, una alarma silenciosa se activó en los servidores centrales: la Academia ahora sabía exactamente quién estaba mirando detrás de la cortina.

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