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Chapter 5: El costo de la ambición

Mateo sobrevive a una auditoría de campo diseñada como una trampa mortal, logrando una victoria táctica que le permite ascender doce puestos en el ranking. Sin embargo, el costo es un daño estructural crítico en 'El Bastardo'. Al buscar piezas de repuesto, descubre que el sistema recicla los bastidores de cadetes caídos, revelando la naturaleza depredadora de la Academia.

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El costo de la ambición

El aire en el taller subterráneo de los niveles inferiores sabía a ozono quemado y a fracaso. Mateo Vega observó cómo una fina línea de fractura, un hilo de luz oscura sobre el chasis de El Bastardo, se expandía con un gemido metálico que le heló la sangre. No era una simple muesca; era la firma de la Sincronización de Núcleo Inestable, devorando la integridad estructural de su máquina desde adentro.

—Si vuelves a forzar el núcleo, el bastidor se partirá en dos antes de que alcances el primer punto de control —sentenció el Viejo Solís. Sus manos, manchadas de grasa sintética, temblaban al acercar la linterna de inspección a la fisura.

Mateo no respondió. Sus ojos estaban fijos en el cronómetro de la pared: 28 días. Veintiocho días para el bloqueo de temporada. Veintiocho días para que la deuda de su familia se tragara su derecho a existir en la Academia Cielo de Acero. La Academia no solo le había bloqueado el acceso a piezas nuevas; lo habían marcado. La anomalía de energía, detectada tras su última victoria, circulaba por los registros internos como una advertencia roja que atraía a los auditores como moscas a la carroña.

—Tengo la auditoría de campo mañana —dijo Mateo, su voz sonando más firme de lo que se sentía—. Si no entro, el sistema me expulsará por inactividad. Si entro con el bastidor así, moriré en el primer choque.

Al día siguiente, en el hangar de pruebas, la fisura se extendía como una telaraña sobre la aleación de titanio. Una sombra se proyectó sobre su mesa de trabajo. Valeria Thorne, impecable, con el uniforme de la élite brillando bajo las luces frías, se detuvo a pocos metros.

—He visto tus registros, Mateo —dijo ella, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. La auditoría de campo no es un examen. Es una ejecución pública. Han orquestado una prueba de resistencia en condiciones hostiles para forzar el colapso de ese montón de chatarra. Quieren recuperar tu tecnología, no tu vida.

Mateo apretó los puños, ignorando el ardor en sus palmas. —Entonces tendré que sobrevivir a la purga, Thorne.

La prueba comenzó una hora después. El cronómetro en el cockpit marcaba la cuenta regresiva, pero para Mateo, el tiempo se detuvo en el primer impacto. El Bastardo se estremeció bajo la presión de la cámara de alta gravedad. Frente a él, un cadete de élite embistió con precisión quirúrgica, disparando ráfagas directamente hacia la fisura marcada por los sensores del sistema.

Mateo sintió el impacto, un golpe seco que hizo que el bastidor oscilara violentamente. El sistema de advertencia parpadeó en rojo: Integridad estructural al 42%.

—¡Ahora! —rugió Mateo.

Activó la Sincronización de Núcleo Inestable. El bastidor se iluminó con una estela azul violácea, un exceso de potencia que ignoraba los límites de seguridad. Con un giro brusco, Mateo esquivó la embestida y, usando el impulso del propio daño estructural, lanzó un contragolpe cinético que destrozó el fémur hidráulico del oponente. El cadete cayó, humillado en la arena ante los ojos de la Academia. Mateo ganó, pero al aterrizar, El Bastardo emitió un crujido agónico. La fisura se abrió dos centímetros más.

Tras la victoria, mientras el sistema procesaba su ascenso de doce puestos, Mateo buscó desesperadamente piezas de repuesto en el mercado negro oculto tras los niveles de mantenimiento. Sus dedos, entumecidos por el frío, recorrieron un lote de componentes confiscados. Al levantar una placa de titanio reforzado, el número de serie le heló la sangre: el sello de la escuadra 'Vanguardia', cuyos miembros habían sido reportados como desaparecidos tras una prueba el mes pasado.

No eran piezas de desecho. Eran despojos de sus iguales, reciclados por el sistema para mantener a los privilegiados. La verdad golpeó con más fuerza que cualquier impacto en la arena: su deuda, su bastidor y su misma vida eran solo engranajes en una maquinaria que se alimentaba de los cadetes de bajo nivel. Con la fisura estructural abierta y la certeza de que la Academia era su verdugo, Mateo comprendió que la escalera no terminaba en la cima; terminaba en un cementerio de metal.

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