Novel

Chapter 4: La sombra de la élite

Mateo intenta ocultar la firma energética de su técnica prohibida en las cámaras de alta gravedad, logrando engañar a los sensores de la Academia a costa de un daño estructural permanente en 'El Bastardo'. Valeria Thorne lo intercepta, confirmando que la administración ha programado una auditoría de campo diseñada para eliminarlo.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

La sombra de la élite

El Bastardo no era un mecha; era un cadáver de metal que Mateo mantenía vivo a base de pura terquedad. En el hangar 4, el aire sabía a ozono y a aceite quemado. Mateo apretó el destornillador neumático hasta que sus nudillos se tornaron blancos. El indicador de integridad estructural del bastidor parpadeaba en un naranja agónico: 34%.

—Acceso denegado —la voz sintética de la Academia resonó por los altavoces, fría y desprovista de humanidad—. Créditos congelados por orden administrativa. Auditoría de clase A iniciada sobre el núcleo de fusión.

Mateo lanzó la herramienta contra el suelo. El estruendo metálico fue su única respuesta. La pantalla de su terminal mostraba un saldo de cero créditos. La multa por la "anomalía energética" de su último duelo había devorado hasta el último céntimo de su premio.

—No es una revisión, Mateo —la voz del Viejo Solís surgió de las sombras. El mentor cojeaba, apoyándose en su bastón, pero sus ojos escaneaban el bastidor con una precisión clínica—. Quieren tu cabeza. O mejor dicho, quieren el código de la Sincronización de Núcleo Inestable. Si no logras que el Bastardo pase la prueba de estabilidad en las cámaras de alta gravedad antes de que el sol toque el horizonte, te desmantelarán por "riesgo de seguridad".

—Tengo veintinueve días antes del bloqueo de temporada, Solís. No pueden expulsarme ahora —espetó Mateo, aunque el sudor frío en su nuca le decía que la burocracia de la Academia no necesitaba lógica para destruir a un cadete de los niveles inferiores.

—La Academia no necesita lógica cuando tiene el control del ranking. Si te marcan como inestable, tu deuda familiar se ejecuta en setenta y dos horas. Estás solo, chico.

Mateo no respondió. Con la tarjeta de acceso que le había arrebatado a un técnico descuidado, se dirigió a los niveles superiores. El ascenso fue una bofetada de realidad: el aire era estéril, filtrado, y los cadetes que pasaban a su lado ni siquiera se dignaban a mirarlo, como si su pobreza fuera contagiosa.

La cámara de alta gravedad estaba desierta. Mateo entró, sintiendo cómo el Bastardo crujía bajo la presión atmosférica del recinto. Necesitaba que la fuerza G comprimiera las micro-fisuras de su motor. Era una apuesta suicida: si la presión era demasiada, el chasis se convertiría en su ataúd. Si era poca, la firma energética prohibida seguiría siendo detectable.

Activó la consola. El zumbido de los estabilizadores gravitatorios comenzó a subir de tono. 2G. 5G. 8G.

El Bastardo gimió. Una placa de blindaje lateral se desprendió, cayendo al suelo con un estrépito que le dolió en el alma. Mateo cerró los ojos, sincronizando su respiración con el pulso errático del núcleo. Sintió el metal ceder, una fisura estructural abriéndose en el fémur hidráulico, pero en el monitor, la firma de energía se aplanó. Había ocultado el rastro.

Al salir de la cámara, el silencio del pasillo fue roto por el eco de unos tacones que sonaban como disparos. Valeria Thorne estaba allí, flanqueada por dos cadetes que bloqueaban el camino. Su uniforme estaba impecable, un contraste hiriente con la grasa que manchaba la cara de Mateo.

—Tu bastidor es un insulto a la ingeniería, Vega —dijo ella, deteniéndose a centímetros del metal expuesto del Bastardo—. He revisado el registro de tu última prueba. Esa oscilación energética no fue suerte. Fue una técnica prohibida. ¿Cuánto tiempo crees que la administración ignorará que un chatarrero está operando al nivel de un cadete de élite antes de desmantelarte pieza por pieza?

Mateo se irguió, ignorando el dolor en sus costillas por el esfuerzo de la prueba.

—Si es un insulto, Valeria, ¿por qué te tomas la molestia de venir a mirarlo tan de cerca? ¿Tienes miedo de que tu tecnología de marca no sea suficiente para seguirme el ritmo cuando la gravedad se ponga seria?

Valeria sonrió, una expresión gélida que prometía destrucción.

—La próxima prueba no será contra cadetes de tu nivel. He solicitado una auditoría de campo. Vas a pelear en un entorno donde tu 'técnica' será tu sentencia de muerte. Disfruta tu ranking mientras puedas, Mateo. En el Cielo de Acero, las cosas que no encajan terminan cayendo al vacío.

Se retiró, dejando a Mateo solo. El Bastardo, ahora con una fisura permanente en su estructura, seguía emitiendo un chirrido metálico. La trampa estaba tendida, y el tiempo, ese enemigo implacable, seguía corriendo en su contra.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced