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Chapter 4: Deuda de sombras

Elian es confrontado por Kaelen tras su victoria pública, quien lo obliga a infiltrarse en los Archivos Prohibidos bajo amenaza de traición. Allí, Elian descubre que su sello de supresión fue un sabotaje deliberado de la familia Solís. Tras escapar de un agente de seguridad sobrecargando su cristal, Elian provoca un colapso en el mercado energético de la Academia, posicionándose como el único capaz de estabilizarlo.

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Deuda de sombras

El eco de los aplausos tras la victoria contra Valeria aún se filtraba por las grietas de la Arena, pero para Elian Vane, el sonido era el redoble de un tambor de ejecución. Apenas cruzó el umbral hacia los pasillos de servicio, donde el aire sabía a óxido y a sudor rancio, una mano enguantada en cuero oscuro se cerró sobre su hombro, empujándolo contra la piedra húmeda. El Maestro Kaelen estaba allí, con la tez grisácea y los ojos inyectados en sangre, vibrando con una desesperación que superaba cualquier lección de etiqueta académica.

—Has hecho demasiado ruido, Vane —siseó Kaelen, su aliento cargado de incienso barato—. Derrotar a una Solís en un duelo público no es un ascenso; es poner una diana de oro sobre tu espalda. El Consejo ya está revisando los registros de energía de la arena. Si descubren que la 'Resonancia del Vacío' fue la que vació el estadio, no solo te expulsarán; te convertirán en un recordatorio de lo que ocurre cuando un paria intenta romper el mercado.

Elian sintió el frío del sello de supresión, oculto bajo su túnica, palpitando contra su pecho como un parásito hambriento. La técnica prohibida le había costado semanas de vitalidad, pero el brillo en los ojos de Kaelen no era de preocupación, sino de acreedor que ve su inversión peligrar.

—No me importa el Consejo, Kaelen —respondió Elian, manteniendo la voz firme a pesar del temblor en sus rodillas—. Me importa que ese sello en mi pecho es una obra maestra de la crueldad. Sé que sabes quién lo puso.

Kaelen guardó silencio, apretando los dientes. —Si quieres vivir lo suficiente para odiar, necesito que te infiltres en el Archivo de Registros Prohibidos. El sistema de flujo energético de la Academia está colapsando, y la única copia de la llave maestra está en la sección de linajes fundadores. Tráela, o seré yo quien entregue tu cabeza a los Solís para saldar mis propias deudas.

La infiltración fue un ejercicio de contención agónica. Elian se movía como una mancha de tinta entre los estantes de obsidiana, evitando las runas de detección que palpitaban con un ritmo cardíaco letal. Su brazo izquierdo le punzaba, un recordatorio físico del costo de la Resonancia que ahora utilizaba para distorsionar su firma espiritual y evitar los sensores. En el estante inferior, un volumen sin título, marcado con el sello de un sol quebrado, lo llamó con una frialdad antinatural. Al tocar el cuero, una descarga de energía recorrió su espina dorsal, revelando no solo datos, sino una genealogía de sabotaje.

Elian pasó las páginas, sus ojos escaneando los registros de auditorías de hace tres generaciones. Allí, entre firmas de notarios y sellos de aprobación de la élite, encontró su apellido: Vane. El bloqueo que había definido su vida, la supuesta falta de talento que lo condenó a la escasez, no era una deficiencia biológica. Era un contrato de supresión de grado mayor, firmado y financiado por la propia familia de Valeria Solís, diseñado para drenar el potencial de su linaje antes de que pudiera consolidarse en el mercado.

—Te encontré —susurró una voz gélida.

Un agente de seguridad de los Solís bloqueaba la salida, con la mano sobre el pomo de una hoja de supresión. Elian no tuvo tiempo para la diplomacia. Con un movimiento brusco, sobrecargó el cristal de supresión que llevaba consigo, forzándolo a liberar la energía que había acumulado durante el duelo. El artefacto emitió un chillido metálico, una ráfaga de maná inestable que oscureció el pasillo y dejó al agente cegado por un destello de luz prohibida.

Elian huyó, el corazón golpeándole las costillas como un pájaro enjaulado. Mientras corría hacia las sombras del exterior, el mercado de píldoras de la Academia comenzó a tambalearse: la sobrecarga del sello había desestabilizado el flujo de energía de todo el sector. Elian sabía que el colapso era inminente, y que él, con los datos robados y el sello aún vibrando en su pecho, era el único capaz de estabilizar la economía de la Academia... a un precio que los Solís jamás estarían dispuestos a pagar.

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