El riesgo del ascenso
El aire en los subniveles de la Academia sabía a ozono y metal recalentado. Kaelen se desplomó contra la pared fría de un conducto de ventilación, sintiendo cómo el manual prohibido —una reliquia de sectas caídas que palpitaba bajo su túnica— le succionaba la energía vital como una sanguijuela de obsidiana. Cada latido de su corazón se sentía más pesado, un tributo necesario para descifrar los glifos que empezaban a grabarse en su propia mente. La traición de Lira había dejado un vacío punzante, pero el cronómetro proyectado en el cielo de la Academia, visible a través de una rejilla oxidada, no perdonaba: quedaban menos de ocho minutos para el cierre de temporada. La purga de rango era inminente.
—Maldita sea —gruñó, forzando sus canales espirituales. Sus dedos estaban entumecidos. Necesitaba una fuente externa o el manual lo dejaría seco antes de la auditoría. Sus ojos se fijaron en los conductos de energía, venas de flujo puro que alimentaban los niveles superiores. Con un movimiento preciso, activó su técnica de 'Succión de Ambiente'. El metal del conducto vibró, gimiendo bajo el drenaje forzado. La energía, cruda y sin refinar, fluyó hacia él, alimentando al manual y permitiéndole estabilizar el artefacto. En ese instante, el texto no solo reveló una técnica de cultivo; era un mapa de las debilidades estructurales de la propia Academia. No era solo un manual; era una llave maestra.
El alivio duró poco. Un estruendo resonó debajo de él. Dos ejecutores con insignias doradas patrullaban el sector de auditoría, barriendo el suelo con sensores de resonancia.
—El objetivo está en este nivel —la voz de uno de ellos, amplificada por su casco, rebotó en los pasillos—. Vane quiere el rastro de su técnica de succión. Si se resiste, desmantelen su núcleo.
Kaelen se deslizó por el conducto, consciente de que su rastro de energía era ahora un faro para Vane. Al salir al nivel de los registros, se encontró en una sala cargada de olor a papel antiguo y energía estancada. El Supervisor Vane ya lo esperaba, bloqueando la única salida, con las manos brillando con una luz opresiva.
—Sabía que eras una anomalía, Kaelen, pero no pensé que tendrías la curiosidad de un suicida —dijo Vane, su voz fría como una cuchilla.
Kaelen apretó el manual contra su pecho. Al mirar los registros abiertos sobre la mesa, la verdad golpeó con la fuerza de un martillo: los estudiantes pobres no eran alumnos, sino baterías humanas. La barrera que protegía a la élite se alimentaba del agotamiento espiritual de los desechables. La jerarquía no era una prueba de mérito; era un sistema de ordeño.
—La Academia no tolera el desperdicio —continuó Vane, dando un paso adelante. El Supervisor lanzó un pulso de energía, un ataque diseñado para colapsar los canales espirituales de Kaelen.
Kaelen no esquivó. En su lugar, activó la técnica de 'Reflejo' que había estado cultivando en secreto. Cuando el ataque de Vane impactó, la energía no se dispuso; fue redirigida instantáneamente, golpeando la barrera de la sala con una fuerza explosiva que hizo temblar toda la estructura de la Academia. La purga estaba a solo minutos de cerrarse. Kaelen se puso en pie, con la sangre goteando de sus labios, sabiendo que la explosión había revelado la verdad de la Academia ante todos los observadores de la red. Ahora, debía decidir: usar el resto de su energía para escapar o arriesgarlo todo en el centro de la prueba final, donde la purga se había adelantado y el sistema buscaba borrarlo por completo.