Sombras del pasado
El motor del coche blindado rugía con una cadencia metálica mientras las luces de la capital se desdibujaban tras el cristal tintado. Dentro, el aire estaba viciado por el silencio. Elena mantenía la espalda recta, con las manos entrelazadas sobre su regazo, sintiendo el peso del sobre que guardaba en su bolso. El anexo cuatro del Proyecto Remanente no era solo papel; era la prueba de que Julián, el hombre que ahora la protegía, había sido el arquitecto de la ruina de su familia hace cinco años.
Julián conducía con una precisión quirúrgica, sus ojos fijos en la carretera. No había intentado justificar nada desde que s
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