La farsa se desmorona
El silencio en la propiedad de Julián, a las afueras de la ciudad, no era paz; era el vacío que precede al colapso. Sobre la mesa de mármol, el sobre sellado con las escrituras de la casa de sus padres —el patrimonio que Julián le había arrebatado cinco años atrás— parecía un arma cargada. Elena lo observó, sintiendo el peso de la redención que él intentaba comprar con papel y tinta.
—No es un regalo, Elena —dijo Julián, su voz carente de la habitual frialdad. Estaba junto a la chimenea, con la postura de un hombre que ha entregado sus cartas antes de la apuesta final—. Es el capital que te fue robado. Úsalo como desees, incluso para d
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