El costo de la lealtad
El aire en el Club Social no era solo oxígeno y perfume; era una mezcla densa de champaña y el olor metálico de las reputaciones que se desmoronan. Elena sostenía su copa con una firmeza que le costaba el pulso, observando a Julián desde el otro lado del salón. Él se movía entre la élite con la precisión de un depredador que conoce su terreno, ajeno a que el estatus de Elena —antes la exesposa arruinada, ahora la socia estratégica que había entregado la cabeza de Ricardo en bandeja de plata— estaba siendo diseccionado por los mismos que antes la ignoraban.
La calma duró hasta que Héctor, un periodista cuya pluma
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