El archivo de la discordia
El despacho de Julián olía a sándalo y a decisiones que costaban millones. Elena no estaba allí por curiosidad; estaba allí porque el anillo de compromiso en su dedo, un diamante de tres quilates que pesaba como una sentencia, le exigía conocer los términos de su propia subasta. Julián estaba en la sala de juntas, bloqueando la filtración de Ricardo, pero el tiempo era un recurso que ella no podía permitirse desperdiciar.
Se acercó al escritorio de caoba, un monolito de poder que parecía diseñado para intimidar. Sus dedos
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