El precio de la protección
El diamante falso en el anular de Elena ardía como una marca recién hecha. Bajo las luces cálidas de la terraza del Hotel Imperial, la piedra capturaba los destellos de la ciudad nocturna y los devolvía fríos, recordándole que nada de esto era real. Apenas una hora antes, Ricardo había intentado hundirla delante de toda la élite. Ahora ese mismo anillo la convertía en intocable… y en deudora.
—No es una joya, Elena —dijo Julián en voz baja, cortante—. Es un escudo. Mientras lo lleves, los socios de Ricardo dudarán antes de tocar tus cuentas. Atacarte a ti ahora significa atacarme a mí.
Ella apretó los dedos contra la barandilla de mármol. Abajo, en el salón principal, Ricardo seguía rodeado de inversores, pero su mirada se desviaba una y otra vez hacia ellos. La humillación de la gala aún le quemaba la garganta, convertida ya en alg
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