La sombra del pasado
El aire en la suite de Monterrey no era una calma, sino una tregua armada. El resplandor azulado de la laptop de Elena iluminaba el rostro de Julián, quien la observaba desde el sofá con una intensidad que nada tenía que ver con los negocios. El ataque de Soler había sido repelido, pero el rastro digital de la intervención de Elena era imposible de ignorar.
—No eres una asistente administrativa —dijo Julián, rompiendo el silencio. Su voz no era una acusación, sino una constatación que pesaba más que cualquier amenaza—. He visto el código que dejaste en el cortafuegos. Eso no se aprende en un curso de fin de semana.<
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