Cerca del abismo
El zumbido del aire acondicionado en la suite de lujo era el único sonido que separaba a Elena del silencio absoluto de Julián. Un fallo técnico en el sistema de navegación había dejado su vuelo privado a Monterrey en tierra, obligándolos a compartir el espacio confinado de la habitación mientras la lluvia golpeaba los ventanales de la Ciudad de México.
Elena se mantuvo junto a la ventana, observando las luces de la ciudad como si fueran puntos de fuga. Cada músculo de su espalda estaba tenso. Julián no se había movido de la mesa de centro, donde un sobre de manila descansaba como una sentencia. Dentro estaban los documentos que ella había pasado años tratando de enterrar; el archivo que Julián usaba ahora como un grillete invisible.
—No tienes que mirarlo, Elena —dijo Julián, su voz cortando la tensión con una precisión quirúrgica—. Ya sabes lo que contiene. Lo que te pregunto es cuánto tiempo más planeas jugar a la mujer indefensa.
Elena se giró, clavando su
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