El vacío tras la victoria
El despacho de Julián, habitualmente un santuario de control, se sentía hoy como una cámara de descompresión. Elena dejó el maletín sobre la caoba; el peso de los documentos —la titularidad de los activos industriales— era una carga física que le recordaba que ya no era la mujer que había entrado en esa oficina meses atrás. Afuera, el escándalo de Marcos era un incendio que consumía lo que quedaba de su reputación, pero dentro, el silencio era absoluto.
Julián estaba frente al ventanal, con la espalda rígida, observando la ciudad como si buscara una salida que no existía. No se giró al escucharla.
—El grupo Varela ha confirmado la reunión del lunes —dijo Elena, su voz cortando la quietud—. Marco
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