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Chapter 6: La Sombra de la Corporación

Leo se infiltra en los servidores de la academia para evitar la auditoría de Kaelen, descubriendo que la institución es un campo de pruebas para armas experimentales de la Corporación Vane, la misma que arruinó a su familia. Durante la auditoría pública, Leo utiliza el módulo para exponer la conspiración, sobreviviendo al desmantelamiento pero revelando que Valeria Soler también está atrapada en el sistema.

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La Sombra de la Corporación

El aire en la oficina del Director Kaelen sabía a ozono y a desinfectante industrial. Leo Valenti permanecía de pie frente al escritorio de caoba, sintiendo cada gramo de su peso sobre las botas desgastadas. El silencio era una losa, interrumpido solo por el zumbido constante de los servidores incrustados en la pared, los cuales gestionaban la telemetría de los estudiantes como si fueran ganado de laboratorio. Kaelen no levantó la vista de su tableta holográfica, sus dedos moviéndose con una precisión mecánica sobre los gráficos de rendimiento: la curva de aceleración del Cargador-V, la eficiencia de su núcleo y, sobre todo, la anomalía del módulo prohibido.

—Tu Cargador-V es una contradicción, Valenti —dijo Kaelen, su voz tan plana como el acero de una cuchilla—. Registra una mejora del cuarenta por ciento en tiempos de reacción, pero su chasis apenas aguanta la integridad estructural básica. Es una pieza de arqueología corporativa intentando competir con tecnología de vanguardia.

Leo apretó los puños. La humillación de ser llamado «anomalía» era soportable, pero la mención del módulo le helaba la sangre. Era la pieza que había destruido a su padre.

—Es el resultado de un mantenimiento exhaustivo, Director —respondió Leo, manteniendo la mirada fija en el nudo de la corbata del hombre—. Si la academia permite el sorteo de salvamento, debe aceptar que la calidad de las piezas es variable.

—La normativa es clara, Valenti. Si el equipo no cumple con los estándares de seguridad al amanecer, será desmantelado —Kaelen finalmente levantó la vista, sus ojos carentes de cualquier rastro de humanidad—. Y tú serás expulsado por obstrucción de auditoría. Tienes hasta el alba.

Bajo el manto de la noche, Leo se infiltró en el nodo de datos de la academia. El pulso le martilleaba contra las sienes mientras se movía entre los bastidores de refrigeración. Tenía menos de seis horas antes de que la auditoría de Kaelen desmantelara su Cargador-V, pieza por pieza. Sus dedos, curtidos por años de manipular chatarra, se conectaron a la consola central usando la interfaz residual del módulo. La pantalla parpadeó en un rojo agresivo, detectando una intrusión, pero el módulo actuaba como una llave maestra, reconociendo protocolos corporativos antiguos que el sistema no podía bloquear.

—Vamos, dame algo —susurró Leo. El flujo de datos se abrió. No buscaba registros de mantenimiento; buscaba la verdad sobre el proyecto de armas experimentales. Sus ojos se fijaron en un archivo cifrado que vinculaba directamente el nombre de su padre con la 'Era de los Prototipos'. La Academia no era una institución educativa; era un matadero corporativo donde los estudiantes de bajo rango servían como conejillos de indias para reactivar tecnología de guerra prohibida. Leo extrajo la evidencia justo cuando los drones de seguridad comenzaron a sellar el servidor, escapando por los conductos de ventilación con la certeza de que su lucha era histórica.

De regreso en su taller, el Cargador-V sonaba como un estertor metálico, con su integridad estructural crítica al 70%. Leo deslizó el chip de datos recuperado hacia la interfaz de diagnóstico. La pantalla holográfica reveló la arquitectura interna del módulo: no era una mejora, sino un nodo de control remoto diseñado para armas de la Corporación Vane. La verdad golpeó con la frialdad de un metal desnudo. La academia no buscaba pilotos prodigio; buscaba datos de estrés para armas que la Corporación Vane pretendía reactivar. Su padre no había fallado por falta de talento, sino porque su mech fue usado como sujeto de prueba, tal como Kaelen estaba haciendo con él ahora.

Al amanecer, Leo se presentó en el Campo de Pruebas. El sol se filtraba por las rendijas del hangar, revelando las cicatrices del Cargador-V. Kaelen esperaba en el centro, flanqueado por una unidad de auditoría cuyos drones de rastreo zumbaban sobre las cabezas de los estudiantes. Valeria Soler observaba desde la grada, con los datos de telemetría del módulo 'Icarus' parpadeando en su tableta, una evidencia que podía destruir a Leo o salvarlo.

—Valenti, la auditoría de nivel uno es definitiva —la voz de Kaelen resonó con frialdad—. Entregue su unidad de mando. Si detectamos una sola modificación no autorizada, su expulsión será inmediata.

Kaelen activó una secuencia de sobrecarga en el Cargador-V, forzando un fallo catastrófico en los circuitos de potencia. Leo no esperó. Utilizó la lógica del módulo 'Icarus' para redirigir la sobrecarga hacia los sensores de la academia, revelando en las pantallas gigantes del campo toda la red de pruebas experimentales y la conexión de Kaelen con la corporación. La auditoría se convirtió en un caos. Leo había sobrevivido, pero mientras el sistema colapsaba, Valeria se acercó a él, su rostro pálido revelando un secreto que cambiaría todo: ella también era un peón en este tablero corporativo.

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