Duelo en el Campo de Pruebas
El zumbido del Cargador-V era un lamento metálico que vibraba en los dientes de Leo. Faltaban apenas cuatro horas para la auditoría de nivel 1 impuesta por el Director Kaelen, y el núcleo del mech, forzado por el módulo prohibido, irradiaba un calor que amenazaba con derretir los sellos de contención. La pantalla de estado parpadeaba en un ámbar enfermizo: Integridad Estructural: 70%. Ese 30% de daño no era una cifra; era la sentencia de muerte si Kaelen decidía conectar el puerto de diagnóstico.
—Si no cierras la brecha de telemetría, el sistema de Kaelen la detectará en menos de diez segundos —la voz de Valeria Soler cortó el aire del hangar. Estaba apoyada contra un pilar, observando el panel de control abierto con una mezcla de desdén y curiosidad técnica. Leo apretó un perno con la llave neumática hasta que sus nudillos se volvieron blancos. El olor a ozono y grasa quemada era sofocante.
—Si cierro la brecha, el módulo pierde su compensación de carga —respondió Leo, sin mirarla—. Si lo quito, vuelvo a ser el último de la fila. Si lo dejo, Kaelen tiene la prueba para expulsarme.
Valeria se acercó, su sombra proyectándose sobre el chasis dañado. —Haz que parezca un error de hardware común. Te daré el código de encriptación de mi equipo. A cambio, quiero acceso a los registros de rendimiento que tu módulo genera. Leo dudó, pero el tiempo se agotaba. Aceptó el intercambio, sintiendo cómo el sistema del mech se estabilizaba bajo el nuevo parche, aunque el costo era una deuda que no sabía si podría pagar.
El pasillo hacia la oficina de Kaelen era un túnel de frío clínico. Al entrar, el Director ni siquiera levantó la vista de su pantalla holográfica, donde los datos de telemetría de Leo brillaban en un rojo alarmante.
—Valenti. El chico que convierte chatarra en una anomalía estadística —dijo Kaelen, su voz carente de calidez—. He revisado tu desempeño. Es fascinante cómo un Cargador-V de rango bajo logra una agilidad que supera a los modelos de élite. ¿Qué vendiste para conseguir ese rendimiento?
—Son reparaciones de campo, Director —respondió Leo, ocultando la rabia al ver el logo corporativo de la firma que arruinó a sus padres parpadeando en la pantalla—. Improvisé con piezas de recuperación. Si el sistema muestra anomalías, es por la vejez del chasis, no por el motor.
Kaelen sonrió, una expresión carente de ojos. —Muy bien. Tendremos una exhibición. Campo de Pruebas, Sector 7. Si tu 'chatarra' sobrevive a un duelo contra un cadete de alto rango, consideraré archivada la auditoría. Si falla, te expulsaré y confiscaré el mech permanentemente.
En el Sector 7, el aire sabía a metal quemado. El Cargador-V estaba al límite. Valeria Soler, su oponente, se movía como un depredador sobre la arena sintética. Leo forzó una derivación manual, conectando el módulo prohibido a los ventiladores de emergencia. El zumbido del mech cambió a un rugido profundo. La aceleración fue brutal. Leo esquivó el ataque de Valeria y, con un movimiento preciso, desactivó el sistema de su oponente. La audiencia quedó atónita.
Pero al terminar, mientras el sistema procesaba su victoria, Leo accedió a los registros que Kaelen dejó desbloqueados en la confusión. Sus ojos recorrieron las líneas de código: su ascenso no era un triunfo, sino una variable calculada. Su victoria alimentaba el proyecto de armas experimentales de la academia.
Leo apretó los puños. No era el protagonista; era el combustible. Mientras las notificaciones de su nuevo rango inundaban su retina, una citación oficial apareció en su consola personal: El Director Kaelen lo convocaba a su oficina para una 'auditoría de seguridad' inmediata. La trampa se cerraba, pero ahora, Leo conocía la forma de los dientes.