La prueba pública
El Cazador gimió, un sonido metálico y agónico que vibraba a través de los pedales de mando. Kael apretó los dientes; el indicador de temperatura del sistema de refrigeración parpadeaba en un rojo violáceo, advirtiendo que el disipador de grafeno estaba al límite de su capacidad. Cada segundo que el motor rugía, el chasis de la era de la Gran Purga perdía integridad estructural.
—Cuatro minutos, Kael —gruñó Vargas a través del comunicador privado, su voz cortada por la estática de la purga—. Si no llegas a la zona de pruebas de la Arena con el log encriptado, no habrá segunda oportunidad. La Facción ha cerrado el acceso a los niveles inferiores. Estás solo.
Kael no respondió. Su atención estaba clavada en el callejón de servicio del Nivel 11, un túnel estrecho donde las luces de neón parpadeaban al ritmo de la alerta de intrusión global. Un escuadrón de la Academia le cerraba el paso al final del corredor; tres unidades de asalto con escudos iónicos bloqueaban la entrada a la Arena. Eran la élite, los perros de presa de Valeria, y no buscaban capturarlo, sino desguazar su máquina con él dentro. Activó la interfaz del módulo prohibido. El sistema respondió con una sobrecarga neuronal que le hizo sangrar por la nariz, pero a cambio, el Cazador se movió con una fluidez imposible para un frame de su clase, inutilizando los escudos del escuadrón con un pulso electromagnético que dejó el corredor a oscuras.
Al entrar en la Arena de Combate, el aire se sentía denso, cargado con el ozono de los escudos de energía y el desprecio gélido de la élite en los palcos superiores. Kael sentía cada vibración del motor como una puñalada. Tenía tres minutos antes de que el núcleo antiguo entrara en colapso térmico total.
—El chatarrero está listo para ser reciclado —la voz de Valeria resonó por el canal abierto, una burla que buscaba desestabilizar su ritmo—. No te molestes en defenderte. Solo haz que la caída sea estética.
Tres frames de clase Vanguardia, inmaculados y pintados con el emblema de la facción, se deslizaron hacia el centro. No buscaban un duelo, sino una ejecución pública. Kael forzó al Cazador hacia la zona de alta presión atmosférica del cuadrante norte, donde los ventiladores de la arena forzaban aire frío hacia el suelo. Fue un movimiento desesperado. Mientras los tres pilotos de Valeria lo seguían, confiados en su superioridad técnica, Kael sobrecargó los actuadores para realizar un giro de 180 grados en el aire. El impacto de la presión atmosférica combinada con la inercia del Cazador destrozó el sistema de refrigeración, pero le permitió colocar un cañón de riel improvisado justo en el punto ciego del líder de la escuadra.
El estruendo del disparo fue ensordecedor, pero el precio fue inmediato. El sistema de refrigeración colapsó totalmente. El Cazador se desplomó, inmovilizado en el centro de la arena bajo la mirada de los jueces. El blindaje del pecho, ya debilitado, se desprendió, exponiendo el núcleo de singularidad. La pieza de tecnología prohibida emitió un pulso rítmico y azulado, una luz que no pertenecía a la arquitectura de la torre.
Los jueces, que hasta hace un momento observaban con desdén, se pusieron en pie al unísono. Su curiosidad profesional se transformó en una voraz codicia. Kael no podía permitir que el Cazador fuera confiscado. Si los jueces extraían el log, descubrirían la verdad: Aethelgard no era una ciudad, sino una nave estelar a la deriva esperando un motor que él ya había localizado.
—¿Crees que puedes ocultar lo que eres, chatarrero? —Valeria cargó su cañón de riel, su figura recortada contra las luces del palco—. Has abierto una puerta que no podrás volver a cerrar.
Kael hackeó la transmisión pública, inyectando un fragmento del registro que reveló brevemente la naturaleza de la nave ante todos los espectadores de la torre. El caos estalló en los niveles superiores. Sin embargo, su victoria fue breve. Un aviso parpadeó en su pantalla, ignorando todas las alertas de sistema: Vargas ha sido arrestado por colaborar en la brecha de seguridad. Ejecución programada en el Sector de Mantenimiento.
Kael miró el núcleo expuesto y luego el indicador de su frame. Tenía que elegir: usar el último pulso del núcleo para escapar y salvarse, o arriesgarlo todo para rescatar al único hombre que conocía el camino hacia el motor de singularidad.