Ascensión prohibida
El temporizador ardía en la esquina de su visión como sangre fresca: 00:17.
Kaelen corría con los pulmones convertidos en brasas. Diecisiete segundos para que la compuerta del Nivel 1 se sellara y lo condenara al corredor de purga, donde los vigilantes de la Secta del Cenit ya no se molestaban en preguntar nombres antes de incinerar. Cada zancada le arrancaba un hilo invisible del pecho. Energía: 24 % → 22 %. El fragmento de memoria que había tragado frente al autómata le había devuelto el aliento, pero no había borrado el precio acumulado.
Delante, la plancha de adamantio descendía con lentitud implacable. Ya tapaba tres cuartas partes de la abertura. Del otro lado el aire olía distinto: metálico, hambriento, vivo. Detrás, los pasos blindados de los vigilantes resonaban en perfecta sincronía. No gritaban. En el Cenit las órdenes se daban una sola vez.
Y luego estaba ella.
Valeria permanecía inmóvil en la pasarela elevada, silueta negra contra el fulgor azulado de los paneles. No había dado un paso desde que lo vio salir del ring del examen público con +12 % de agilidad registrado en los tableros para que todos lo vieran. Sus ojos eran dos puntos de presión fría que contaban cada tropiezo como si llevaran su propia cuenta regresiva. No necesitaba correr. El tiempo corría por ella.
00:09.
Kaelen sintió el drenaje subirle por la garganta como bilis ácida. Saltó. El cuerpo respondió con la precisión brutal que le había costado casi matarlo: rodilla flexionada, impulso desde el talón, giro en el aire. La compuerta ya estaba a menos de un metro del suelo. Pasó debajo en un ángulo imposible, el metal le rozó la espalda arrancándole tela y piel. Aterrizó mal, rodó sobre el hombro y se estrelló contra el suelo del otro lado.
¡CLANG!
La compuerta chocó contra el piso con un estruendo que le vibró en los huesos. Sellada. Energía: 18 %. El sistema no ofrecía condolencias.
Kaelen se puso de rodillas. El aire del Nivel 1 le raspó la garganta como vidrio molido. Cada inhalación costaba más que la anterior. Delante de él se extendía el Mercado Bajo: puestos improvisados de chatarra, lámparas de ozono que parpadeaban, siluetas encapuchadas moviéndose como ratas entre el humo. Y el primer aviso del sistema:
Misión de Reconocimiento de Terreno – Fase 1 Objetivo: Mapear 300 m² del Mercado Bajo sin colapso respiratorio Tiempo restante: 14:47 Penalización por fallo: Acceso revocado – Retorno forzado al Nivel Cero
Sin insignia de secta el oxígeno legal costaba el triple. Kaelen ya había visto a dos recién llegados desplomarse a diez pasos del portal, boqueando mientras los guardias simplemente desviaban la mirada.
Se acercó cojeando al callejón detrás del puesto principal. Tres parias vigilaban un tanque de reserva oxidado como si fuera reliquia sagrada. El más alto lo midió con ojos acostumbrados a oler sangre antes de que saliera.
—Recién llegado sin sello —dijo, voz rasposa bajo la máscara—. El aire aquí no es gratis. Créditos o lárgate a morir en silencio.
Kaelen levantó la palma. La interfaz rota proyectó un saldo miserable: 4 créditos de secta y 31 % de energía vital que ya caía. El contador de oxígeno personal marcaba 18 % restante.
—Puedo pagar con trabajo —mintió.
El más bajo soltó una risa seca.
—Trabajo es lo que sobra. Oxígeno es lo que falta.
Kaelen sintió el pinchazo en los pulmones. Tiempo restante: 13:22. No había espacio para negociar bonito. Miró el tanque de reserva. Vio el tubo suelto en la base, mal asegurado. Vio la forma en que el más alto apoyaba el peso en la pierna izquierda, vieja herida mal curada.
—Última oferta —dijo Kaelen—. Me das treinta segundos de flujo y me voy. Nadie se entera.
El alto dio un paso adelante. La mano ya iba hacia el mango del cuchillo.
Kaelen no esperó el golpe. Giró sobre el talón izquierdo, aprovechó el impulso de la agilidad ganada y barrió la pierna mala del paria. El hombre cayó con un grito ahogado. Kaelen saltó sobre él, arrancó el tubo suelto y conectó su máscara personal al tanque en un movimiento que le costó medio segundo de oxígeno. El flujo frío le llenó los pulmones. Oxígeno: 62 %.
Los otros dos se lanzaron. Kaelen rodó bajo el primer puñetazo, sintió el segundo rozarle la oreja. Usó el impulso para empujar el tanque entero. El metal pesado cayó sobre el segundo paria con un crujido húmedo. El tercero retrocedió, pero ya era tarde: Kaelen le había robado cuatro minutos de reserva del contador personal del caído.
+4:00 transferidos.
Corrió hacia las sombras del callejón. Detrás escuchó los gritos y el silbato de alarma. Ahora lo tenían marcado.
Tiempo restante misión: 7:41.
Tropezó contra una viga retorcida en el sector 1-B. El dolor le subió por la pantorrilla como cable vivo. El aire olía a hierro quemado y carne chamuscada. Cinco cuerpos recientes. Cuatro con insignias menores destrozadas. El quinto —el que el Sistema Roto marcaba con contorno rojo pulsante— llevaba el emblema de la Garra de Hierro.
Oportunidad de Absorción detectada Habilidad latente: Paso Fantasma (rango fragmentario) Costo base: -18 % vitalidad actual Probabilidad de éxito: 79 % Tiempo restante para cosecha: 1:52 Advertencia: absorción deja marca térmica detectable durante 180 segundos
Kaelen se mordió la mejilla hasta saborear sangre. Estaba en 29 % después del fragmento de memoria. Dieciocho puntos menos lo pondrían al borde del colapso. Pero sin esa habilidad los refuerzos que ya oía llegar lo encontrarían en segundos.
Aceptó.
El dolor fue inmediato y blanco. Sintió cómo la vitalidad se le escapaba por los poros como vapor. Vitalidad: 29 % → 11 %. Pero al mismo tiempo algo nuevo se instaló en sus músculos: un deslizamiento, una ausencia de peso. Sus pasos dejaron de hacer ruido. El contorno de su cuerpo pareció difuminarse en las sombras.
Paso Fantasma activado – Duración inicial: 180 segundos por carga.
Kaelen desapareció entre las ruinas justo cuando las botas de los refuerzos golpearon el suelo detrás del cadáver. No lo vieron. No lo oyeron.
Pero el sistema sí habló, frío y claro:
Reconocimiento de Terreno – Fase 1 completada Recompensa: +3 % agilidad base (visible en tablero público dentro de 60 minutos) Nueva misión desbloqueada: Sobrevivir al Sector 4 antes del cierre de ciclo Tiempo restante: 23:59:59 Advertencia: la ruta al Sector 4 está marcada como prohibida por tres sectas mayores
Kaelen se apoyó contra la pared, jadeando. Once por ciento. El Nivel 1 ya no era solo hostil. Era una trampa que se cerraba.
Y en algún lugar arriba, Valeria acababa de recibir la notificación de la nueva anomalía.
La puerta del Nivel 1 estaba sellada detrás de él. No había regreso fácil.
Solo quedaba subir.
O morir intentándolo.