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Chapter 5: La ley del más fuerte

Kaelen es emboscado en los callejones del Nivel 1, activa Paso Fantasma para sobrevivir y llega al refugio oculto. Derrota al guardián automatizado explotando un fallo de renderizado, absorbe Corte de Eco y enfrenta un asedio. Usa la habilidad para repeler el primer grupo, evoluciona a Corte Resonante sacrificando vitalidad crítica y recibe una nueva oferta del Sistema Roto que pone en jaque su supervivencia. Valeria detecta la anomalía y su orgullo se quiebra al ver la marca pública, encendiendo una venganza personal.

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La ley del más fuerte

Kaelen sintió el ardor en los pulmones antes que el eco de las botas. Once por ciento de vitalidad. El tanque robado le había comprado cuatro minutos más de aire, pero su cuerpo ya temblaba como alambre a punto de partirse. Se pegó contra la pared colapsada del callejón, el metal oxidado crujiendo bajo su peso. Cuatro sombras bloquearon la salida: Marco al frente, el mismo rufián que media hora antes vendía oxígeno a precio de sangre. Los otros tres empuñaban varas reforzadas con placas de armadura robada.

—Ahí está el rata que le quitó el tanque a Tito —gruñó Marco escupiendo al suelo—. Y encima brilla raro. ¿Qué eres ahora, paria? ¿Un fenómeno de circo?

Kaelen no contestó. La interfaz carmesí parpadeaba en su visión: Vitalidad: 11 % Oxígeno restante: 3:47 Habilidad disponible: Paso Fantasma (costo base: 4 % vitalidad por activación) Advertencia: uso repetido acelera purga sistémica

Los tres matones se abrieron en abanico. El más alto cargó primero, vara en alto. Kaelen esquivó por instinto; los +3 % de agilidad base le permitieron deslizarse medio metro sin apenas mover los pies. El golpe resonó contra el metal como un martillo en campana. Marco soltó una risa corta.

—Miren cómo baila el inepto. ¿Crees que porque robaste un poco de aire ya eres alguien?

Kaelen activó Paso Fantasma. El mundo se volvió translúcido, sus pisadas dejaron estelas que se deshacían en medio segundo. Costo inmediato: -4 %. Vitalidad: 7 %. El dolor le atravesó el pecho como un cable vivo, pero ya estaba detrás del primer atacante. Golpeó con el codo en la base del cuello. El hombre cayó sin sonido. El segundo giró demasiado lento; Kaelen le barrió la pierna y le hundió el talón en la tráquea. Dos abajo.

Marco retrocedió un paso, los ojos abiertos de incredulidad. —Qué mierda…

Kaelen no esperó. Corrió hacia la salida del callejón, el aliento raspándole la garganta. Detrás, Marco gritaba órdenes, pero el eco ya se perdía. Logró llegar al sector colapsado y empujó la compuerta oxidada del almacén sellado. El metal chirrió como animal herido.

Adentro olía a hierro viejo y ozono. Una luz roja parpadeante iluminaba al guardián Torre Mk-III: torso blindado, cuatro brazos con garras vibratorias, núcleo azul latiendo. No estaba apagado. Solo esperaba.

Misión de ocupación activa Neutralizar guardián. Reclamar nodo de oxígeno Tiempo restante: 4:59 Recompensa: +12:00 reserva vital + refugio sellado (24 h) Fracaso: nodo transferido. Acceso revocado permanentemente

Cuatro minutos cincuenta y nueve segundos. Si otro grupo llegaba primero, el almacén se cerraría para él de por vida.

Activó Paso Fantasma otra vez. -2 % más. Vitalidad: 5 %. El guardián despertó con un zumbido grave. Sus sensores barrieron el espacio. Kaelen ya no estaba donde había estado. La primera garra cortó el aire vacío. Kaelen rodó, usó el fallo de renderizado que el Sistema Roto le mostraba: una grieta en el blindaje del núcleo, apenas visible, un error de la Torre misma.

Se lanzó. Clavó el fragmento de metal que llevaba como arma en esa fisura. El guardián se convulsionó, el núcleo chispeó violentamente. Kaelen giró detrás de un pilar mientras las garras barrían el espacio. Una sobrecarga táctica. El Sistema Roto amplificó el daño: el núcleo explotó en una lluvia de chispas azules. El guardián se desplomó con un estruendo.

Misión completada Refugio reclamado. +12:00 reserva oxígeno Habilidad absorbida: Corte de Eco (daño reflejado en área, radio 4,2 m) Costo de absorción pendiente: evaluación en curso

Vitalidad: 5 %. Kaelen se dejó caer contra el contenedor de oxígeno, el silbido del tanque robado como un pulmón artificial. Afuera, pasos apresurados. Voces.

—El paria está ahí dentro. La marca térmica no miente.

El tablero público del Nivel 1 actualizó sin piedad: Anomalía detectada – Kaelen [Inepto] – +3 % agilidad base permanente – propagación completa Marca térmica de absorción detectada – prioridad media – Secta del Cenit notificadas

Kaelen apretó los dientes. Doce, tal vez quince recolectores rodeaban el almacén. La compuerta vibró con un golpe brutal.

El Sistema Roto desplegó la interfaz sin pedir permiso: Habilidad absorbida disponible: Corte de Eco Integración al 47 % Oferta de evolución inmediata: Corte Resonante (área +240 %, daño amplificado) Costo de evolución: -4.2 % vitalidad máxima actual Costo por uso posterior: 3 % vitalidad máxima restante Tiempo para aceptar: 4:58… 4:57…

Kaelen sintió el pulso martilleándole las sienes. 4.2 %. Lo dejaría en 0.8 %. Menos de uno por ciento para cruzar media Torre, evadir élite y abrir la ruta prohibida del Sector 4 antes del cierre de ciclo. Pero sin área de efecto, el próximo asedio lo destrozaría. Paso Fantasma lo hacía escurridizo, no intocable.

El temporizador bajó a 3:12.

Cerró los ojos un instante. Vio la cara de su hermana pequeña la última vez que la dejó en el Nivel Cero, con los ojos grandes y la promesa rota en la voz: «Vuelve antes del racionamiento, Kaelen. Por favor».

Abrió los ojos.

Aceptó.

El dolor fue inmediato, eléctrico, como si le arrancaran un pedazo del alma. Vitalidad máxima: 0.8 %. El Sistema Roto confirmó con letras carmesí: Corte Resonante activado Costo base por uso: 3 % de vitalidad máxima restante Advertencia: próximo uso crítico – riesgo de colapso sistémico permanente

Afuera, la compuerta cedió con un estallido. Los primeros cuatro recolectores irrumpieron, armas en alto.

Kaelen levantó la mano.

Corte Resonante.

Una onda invisible salió de su palma, replicando el último movimiento que había hecho con el fragmento de metal. El aire se partió. Los cuatro cuerpos se detuvieron en seco, cortados por una línea que no podían ver. Cayeron como marionetas sin hilos.

Silencio repentino. Los que quedaban afuera retrocedieron, voces quebradas por el terror. —Qué… qué demonios fue eso…

Kaelen se apoyó en la pared, respirando con dificultad. Refugio asegurado. Por ahora.

En la distancia, sobre un tejado derrumbado, Valeria observaba a través del dron de vigilancia. La pantalla mostraba la marca térmica expandiéndose como una mancha de sangre. Sus dedos se cerraron hasta que los nudillos blanquearon.

—Un inepto… —murmuró, la voz temblando de furia contenida—. Un maldito inepto acaba de humillarme en el tablero público.

Su orgullo, afilado como una hoja de secta, exigía sangre.

El Sistema Roto zumbó una última vez en la mente de Kaelen: Oferta detectada: habilidad absorbida de oponente caído (Marco – Corte de Eco base) Costo de integración adicional: 2 % vitalidad máxima restante Aceptar: [S/N]

Kaelen miró el contador: 0.8 %.

Y sonrió con los dientes apretados.

La Torre no había elegido al underdog equivocado. Todavía no.

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