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Chapter 10: Duelo de rangos

Elian derrota a Valeria Thorne en un duelo público, pero su victoria provoca un colapso sistémico en la Academia. En lugar de ser ascendido, es declarado un saboteador y perseguido por la seguridad. Elian huye a los archivos subterráneos buscando a Kael para completar la llave de la Bóveda, solo para descubrir que su mentor lo ha estado usando como un fusible prescindible para sus propios fines.

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Duelo de rangos

El aire en la Arena de la Aguja de Hierro no crujía; se desgarraba. Elian Vane sentía el catalizador grado B ardiendo en su núcleo como una brasa de plomo fundido, una carga que su cuerpo, acostumbrado a la escasez, apenas podía contener. Frente a él, Valeria Thorne, la heredera cuya arrogancia era su activo más blindado, comenzó a tambalearse. Su técnica de drenaje, diseñada para succionar la vitalidad de los rangos inferiores, se había convertido en un canal de retorno. Elian no estaba bloqueando su ataque; lo estaba alimentando con su propia firma energética corrupta.

—¿Qué has hecho? —gritó ella. Su voz, antes una melodía de superioridad aristocrática, se quebró. Sus dedos, que siempre destellaban con un oro impecable, parpadeaban ahora con un gris mortecino.

Elian no respondió. Cada palabra le costaba una punzada de erosión en los meridianos. Inyectó su firma, la marca de su desesperación, directamente en la red de la Arena. El resultado fue un colapso en cadena. Los escudos de seguridad, programados para proteger a la élite, gemían bajo la sobrecarga. Las luces de la Academia viraron de un dorado institucional a un rojo violento. Valeria intentó retroceder, pero la energía que ella misma había intentado arrebatarle a Elian la arrastraba ahora al abismo. Con un estallido sordo, los campos de fuerza se desplomaron. La heredera cayó de rodillas ante el silencio atónito de la tribuna.

Elian se puso en pie, tambaleándose. En el marcador, su Índice de Resplandor parpadeaba: 15%. Aún lejos del 18% necesario para el rango D. Caminó hacia la plataforma de los jueces, arrastrando los pies, con los meridianos ardiendo por el uso de la técnica prohibida.

—He ganado —dijo, su voz cortando la estática—. El duelo ha terminado. Actualicen el registro.

El Maestro Kael observaba desde la tribuna, impasible. A su lado, el Decano ajustaba su dispositivo de control con movimientos frenéticos, ignorando a Elian para centrarse en las venas negras que se extendían por los muros de la arena.

—No hay victoria, Vane —respondió el Decano por los altavoces, su voz desprovista de humanidad—. Has inyectado una anomalía en el sistema. Has corrompido el activo principal de esta institución. Esto no es un ascenso; es sabotaje sistémico.

Las alarmas de purga aullaron. Elian comprendió la trampa: la Academia no era un árbitro, era una herramienta de contención. Al ganar, se había convertido en un error que el sistema debía borrar. Los guardias acorazados en plata rodearon la Arena. Sin esperar, Elian se lanzó hacia los archivos subterráneos, el único lugar donde la red aún no alcanzaba a purgar su firma.

El aire allí sabía a pergamino podrido. Se desplomó contra un estante, sintiendo que su núcleo latía con una irregularidad dolorosa.

—Llegas tarde, Vane —la voz de Kael surgió de la oscuridad, gélida, sin rastro de la camaradería cínica de antes.

Elian apretó la media llave de la Bóveda Central contra su pecho. El metal vibraba en sintonía con su núcleo inestable.

—El sistema ha caído, Kael. Valeria está derrotada, pero la Academia no reconoce el duelo. Están sellando los sectores. Dame la otra parte. Dijiste que con la llave maestra podríamos forzar la purga y restaurar el estatus.

Kael emergió de las sombras, iluminado por el parpadeo errático de un cristal de maná. No había urgencia en él, solo una satisfacción depredadora. Elian sintió un escalofrío. Kael no estaba allí para ayudarlo a escapar; estaba allí para recoger los pedazos de un experimento que, finalmente, había dado resultados. Elian comprendió, demasiado tarde, que nunca fue un estudiante, sino un fusible prescindible destinado a abrir la puerta que Kael no podía tocar.

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