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Chapter 3: Duelo en el mercado de activos

Elian gana un torneo de activos mediante una sobrecarga estratégica, obteniendo la beca necesaria para sobrevivir. Sin embargo, Valeria Thorne lo confronta con pruebas de su técnica prohibida. Tras un intercambio de amenazas, Elian descubre que la Academia ha elevado el umbral de rango D al 18%, dejando su reciente progreso insuficiente y su posición más precaria que nunca.

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Duelo en el mercado de activos

El aire en el Mercado de Activos de la Aguja de Hierro sabía a ozono quemado y a la desesperación de los que no tienen linaje. Elian Vane se apretó el abrigo, sintiendo el peso del supresor de rastreo contra sus costillas; un objeto que le había costado sus últimos créditos, pero que apenas lograba ocultar la vibración errática de su núcleo. A su lado, el Maestro Kael observaba la pizarra de transacciones con una sonrisa que no llegaba a sus ojos cansados.

—El umbral de rango D ha subido al 18% —dijo Kael, señalando el marcador luminoso que parpadeaba sobre el atrio—. La Academia sabe que hay una anomalía en el sistema de flujo y está cerrando el grifo. Tienes treinta días antes de que el ranking se congele. Si para entonces tu Índice de Resplandor no toca el 18%, serás pasto para los limpiadores.

Elian apretó los puños. Su 15% actual, logrado con el dolor punzante de la técnica prohibida, se sentía de pronto como una miseria. El mercado era una trampa diseñada para que los estudiantes de élite, como Valeria Thorne, absorbieran los excedentes de energía de los rezagados. La mayoría de los puestos de desafío estaban amañados: armas con fallos inducidos, campos de fuerza inestables, todo preparado para que los novatos perdieran sus pocos activos en un solo movimiento.

—Es una suma cero —murmuró Elian, sus ojos fijos en un torneo de activos de bajo nivel que se celebraba en la plataforma central—. Si gano, obtengo la beca de mantenimiento. Si pierdo, no llego ni a mañana.

Elian subió a la plataforma. El aire en la arena de pruebas era denso, cargado de estática. Frente a él, su oponente, un estudiante de linaje menor con una lanza de flujo optimizado, sonreía con la arrogancia de quien nunca ha tenido que mendigar un gramo de energía.

—El Índice de Resplandor no miente, Vane. Estás en el 15%, y eso es una sentencia de expulsión —dijo el rival, activando su arma. El zumbido del metal resonó en el silencio de la arena.

Elian no respondió. Su objetivo no era la victoria por fuerza, sino la brecha. Cuando la lanza arremetió, Elian no bloqueó. Se dejó retroceder, permitiendo que el arma del oponente se extendiera al máximo, exponiendo el flujo de energía hacia el núcleo del sistema de la arena. En lugar de esquivar, Elian canalizó el excedente de su técnica, no hacia sus músculos, sino hacia el punto de contacto de la lanza. La sobrecarga fue instantánea. El arma del oponente chirrió, el cristal de flujo se fracturó con un estallido sordo y el sistema de la arena entró en modo de emergencia, detectando una anomalía. El oponente cayó de rodillas, su equipo convertido en chatarra inútil. La victoria fue técnica, sucia y absoluta.

Al bajar de la plataforma, el eco de sus pasos en el mármol del pasillo principal sonaba como una sentencia. Valeria Thorne lo esperaba, emergiendo de una columna, su uniforme impecable contrastando con el sudor frío de Elian.

—Tu victoria fue… creativa, Elian —dijo Valeria, su voz gélida—. Manipular un sistema de grado A requiere algo más que talento. Tengo grabaciones de tu flujo de energía. Si las presento ante el comité, serás expulsado por posesión de activos ilícitos.

Elian sintió el dolor punzante en su pecho, el precio de su técnica, pero no vaciló. —El sistema no permite anomalías, Valeria, solo resultados. Y si hablas de mis activos, deberías hablar de los tuyos. He visto las deudas de tu casa en los archivos de Kael. Un movimiento en falso de tu parte y el mercado sabrá quién está realmente en bancarrota.

Valeria se tensó, sus ojos afilados como cuchillas, pero se retiró con un desafío formal: un duelo la próxima semana. Elian regresó al Centro de Datos, esperando ver su nombre ascender, pero la pantalla parpadeó con una actualización cruel: el umbral de permanencia había sido elevado al 18%. Había escalado una montaña solo para descubrir que el pico se había alejado. El objetivo estaba más lejos que nunca, y el tiempo se agotaba.

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