Cenizas en el patio colonial
Elena llega a la propiedad heredada, un patio en ruinas, intentando huir de su colapso corporativo. Encuentra el lugar en estado de abandono y, para calmar su ansiedad, limpia y hornea pan con los pocos utensilios rescatados. Mateo, un vecino escéptico, la confronta sobre su falta de compromiso con el barrio. Tras una tensa interacción, Elena descubre una cláusula de demolición que le impone un plazo de 90 días para reactivar el negocio, además de un libro de cuentas que insinúa un secreto familiar oscuro.