El salón que olía a humillación blanca
Isabela recibe la llamada de Doña Carmen mientras aún procesa la traición que arruinó su empresa familiar. Llega al salón del Hotel Majestic decorado para su humillación pública como novia sustituta. Firma el contrato y acepta el anillo bajo la mirada de la alta sociedad, sellando el compromiso falso con Alejandro. Internamente decide weaponizar la trampa. La escena establece la herida fresca, el acuerdo imposible y la razón por la que no puede huir: la ruina total de su familia.