El aroma de lo que se pierde
Elena regresa a la casa de té familiar con la única intención de venderla. Tras ser confrontada por Don Julián, un vecino leal que cuestiona su derecho a disponer del legado, Elena se ve obligada a demostrar su competencia preparando una infusión según la receta de su abuela. El acto de preparar el té, cargado de memoria sensorial, la conecta dolorosamente con el lugar, complicando su deseo de huir.