La cuenta viva de la tía muerta
Valeria va al banco a exigir una explicación por la cuenta imposible de su tía Elvira y descubre, frente a testigos, que la cuenta está activa, reabierta con autorización formal y ligada a una cadena contractual. En la pantalla aparece también su propio nombre en la ruta de acceso. Antes de que el escándalo se vuelva público, Tomás Ledesma interviene y le ofrece una salida privada que abre la posibilidad del pacto inevitable. Valeria es interceptada en un corredor lateral del banco por Aurelio Vela, quien le advierte que la cuenta reabierta de Elvira forma parte de una cadena y que hay cinco noches antes de una transferencia a un comprador privado. Tomás Ledesma interviene, corrige a Aurelio delante de ella y le revela que el asunto es más grande que una herencia: puede arrastrar una estructura contractual mayor. Valeria no acepta nada todavía, pero consiente escuchar el contrato en privado. La escena termina con el plazo concreto, la tensión del pacto inevitable y la sensación de que Tomás ya ha empezado a protegerla a costa de exponerse. Valeria revisa el comprobante y descubre que su nombre aparece junto al de Elvira en una ruta de acceso legal, lo que confirma que la cuenta viva no es un error. Tomás la saca del centro de la escena, corta el acceso a los curiosos y obliga a Aurelio a retroceder, pero la revelación ya la deja atrapada en una puerta que alguien abrió para hundirla.