Terms Rewritten
El aire en el ala privada del Hospital Olmedo, a las dos de la mañana, no era solo frío; era un vacío cargado de electricidad estática y el olor a desinfectante caro. Mateo Valverde caminaba por el pasillo con la auditoría de su abuelo presionando contra su costado como un arma cargada. Tres hombres de seguridad, dirigidos por Varela, le cerraron el paso. Sus trajes oscuros se fundían con la penumbra, pero sus manos, cerca de las chaquetas, delataban la intención.
—El señor Rafael ha sido claro, Mateo. Entrega el teléfono —ordenó Varela, con una voz que no admitía réplicas.
Mateo no se detuvo. El pulso le martilleaba en la sien, pero su rostro era una máscara de hielo. Sabía que si entregaba ese dispositivo, el informe que Don Ernesto había encargado en secreto hace dos años —una radiografía del drenaje de activos que Rafael ocultaba bajo la enmienda 4.2 bis— desaparecería antes del amanecer.
—Si no llego a la junta de las nueve con esto, el informe se publica automáticamente en los servidores de la prensa financiera —respondió Mateo, deteniéndose a centímetros de Varela—. Tengo sistemas de liberación retardada y tres copias en servidores externos. Si me tocas, el imperio Valverde amanece en la portada de los diarios.
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