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Chapter 8: La Arena de los Olvidados

Kaelen y Valeria se establecen en el Nivel 7, donde Kaelen demuestra la capacidad del módulo táctico al derrotar a un Centinela corporativo en la Arena de los Olvidados. Su victoria atrae la atención de Hektor, quien lanza un ultimátum: un duelo público al amanecer o la purga del sector.

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La Arena de los Olvidados

El zumbido del módulo táctico no era un sonido; era un taladro vibrando contra el hueso de la muñeca de Kaelen. La luz azul neón, una firma prohibida, se filtraba por las costuras de su traje de vuelo, proyectando sombras largas y nerviosas sobre las paredes oxidadas del Nivel 7. Cada pulso eléctrico drenaba su crédito vital, convirtiendo su propia energía en combustible para una tecnología que la Torre consideraba anatema.

—¡Apágalo, Kaelen! —Valeria lo empujó contra el metal frío de una tubería de vapor, su rostro pálido bajo la luz parpadeante—. Los sensores de Hektor están barriendo este sector. Si detectan esa firma, nos borrarán antes de que podamos parpadear.

Kaelen forcejeó con el brazalete, pero la interfaz estaba fusionada con su sistema nervioso. Valeria se inclinó, sus dedos expertos rozaron el cristal y sus ojos se dilataron. No era solo un mapa; era un emisor de señal de alta fidelidad. De repente, una luz roja los cegó. Silas, el líder de la resistencia del Nivel 7, los apuntó con un rifle de plasma modificado. Sus ojos, endurecidos por años de desguace, se fijaron en el módulo con una mezcla de codicia y pavor.

—¿Dónde habéis robado eso? —rugió Silas, retrocediendo—. Es ingeniería de la era pre-Torre. Estáis muertos, y nos habéis traído a la muerte con vosotros.

Kaelen no bajó la mirada. El dolor en su brazo era un recordatorio constante de su deuda. —No es un robo, es una llave. Si Hektor nos encuentra, es porque sabe que esto puede hackear su red central. ¿Queréis seguir recolectando chatarra o queréis una oportunidad para subir?

Silas bajó el arma, pero el precio fue inmediato. Kaelen debía demostrar que su Chatarra podía sobrevivir a la Arena de los Olvidados. El aire en el nivel sabía a ozono y metal rancio. Frente a ellos, un Centinela corporativo, un modelo de élite reacondicionado, esperaba en el centro de la arena. Los pilotos de la resistencia observaban desde las gradas oxidadas, esperando ver si el recién llegado valía el riesgo de una purga.

El Centinela cargó. El impacto hizo que la cabina del Chatarra gimiera. Kaelen sintió un espasmo en la columna, el costo de la conexión forzada. Valeria, desde el asiento del copiloto, trabajaba a ciegas en una terminal improvisada.

—¡Ahora, Kaelen! ¡Hackea su enlace de servo! —ordenó ella.

Kaelen inyectó su voluntad en el módulo. El dolor fue insoportable, una descarga que le nubló la vista, pero el Centinela se detuvo en seco. Sus sistemas, controlados por la Torre, se colapsaron ante la intrusión del módulo prohibido. Kaelen aprovechó la inercia, descargando una ráfaga de fuego térmico que desmanteló al gigante corporativo. La victoria fue brutal y pública. Los chatarreros rugieron, reconociendo el nacimiento de un nuevo factor de poder.

Sin embargo, la celebración duró poco. Mientras Valeria integraba piezas de élite al Chatarra en un taller clandestino, el módulo intentó reescribir la estructura nerviosa de Kaelen, arriesgando su vida a cambio de una mayor potencia. El precio de la supervivencia subía con cada mejora.

El silencio del Nivel 7 fue destrozado por un estruendo metálico. Las pantallas gigantes de la Torre cobraron vida, mostrando el rostro del Comandante Hektor. Su mirada no buscaba a la multitud; buscaba a Kaelen.

—Piloto Vane —la voz de Hektor resonó con una autoridad que hizo que los chatarreros se encogieran—. Has operado fuera de los protocolos. Tu presencia en el Nivel 7 es un error estadístico que corregiré personalmente. Mañana, al amanecer, te espero en la plataforma central para un duelo de gladiadores. Si te niegas, el sector será purgado.

Kaelen apretó los puños. La trampa estaba tendida, pero el ascenso exigía sangre. Valeria lo miró, sus manos temblando tras la última calibración. El duelo no era solo una pelea; era el punto de no retorno. Kaelen aceptó el desafío ante toda la Torre, convirtiendo su supervivencia en un evento de prestigio que Hektor no podría ignorar sin perder su propia fachada de orden.

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