Ascenso forzado: El costo de la notoriedad
El zumbido del Centinela no era el motor armonioso de una máquina de élite, sino un estertor metálico que vibraba en las vértebras de Kael. La integridad estructural parpadeaba en un rojo agónico: 42%. Kael ignoró el sudor frío que le recorría la espalda y se plantó frente al mostrador de suministros del Nivel Inferior. Las luces de neón de la secta proyectaban un tono enfermizo sobre las piezas de repuesto que Kael necesitaba para sobrevivir a la siguiente ronda.
—Necesito aleación de refuerzo grado C y un kit de sellado térmico. Ahora —dijo Kael, deslizando su tarjeta de crédito sobre la mesa metálica. El mercader, un hombre con un visor de aumento que ocultaba sus intenciones, ni siquiera tocó el plástico. Sus dedos se detuvieron sobre un terminal que emitía un brillo azulado. La pantalla mostró el perfil de Kael con un sello escarlata: ACTIVIDAD ANÓMALA: REVISIÓN SISTÉMICA EN CURSO.
—No hay venta, chico —respondió el mercader sin mirarlo—. El Supervisor ha bloqueado tu cuenta. Cualquier componente que salga de este almacén hacia tu chasis será confiscado. Orden directa.
Kael apretó los puños, sintiendo la humillación como un peso físico. No se iría con las manos vacías. Intentó sobornar al hombre con datos encriptados de su módulo, pero el mercader retrocedió, aterrado por las represalias. Kael salió del mercado con el bolsillo vacío y el destino sellado: una notificación oficial parpadeaba en su visor. El duelo de exhibición no era una invitación; era una ejecución pública.
En el Hangar de Mantenimiento, el ambiente era igual de gélido. Valeria lo esperaba junto a los gatos hidráulicos, observando el núcleo expuesto del Centinela con una mirada depredadora.
—No deberías estar vivo, Kael —dijo ella, sus botas resonando en el metal—. He visto los logs. Tu firma energética es una aberración. Si el Supervisor analiza los datos brutos, te desguazarán antes del amanecer.
Kael no dejó de apretar la tuerca del actuador principal, pero sus ojos captaron un detalle: el estabilizador cinético del brazo derecho del mech de Valeria, un modelo S, sufría una micro-vibración irregular. Kael sonrió, una mueca amarga.
—Tu estabilizador derecho está descalibrado, Valeria. Si intentas un giro de alta presión, tu chasis se fracturará. ¿Quieres que te ayude a arreglarlo antes de que el sistema te marque como ineficiente?
Valeria se tensó, su desdén convirtiéndose en una cautelosa intriga. Se retiró, pero el mensaje quedó flotando en el aire: el Supervisor no permitiría que Kael ganara el duelo, pero Kael ya no era solo un chatarrero; era una variable que ella no podía ignorar.
La Arena del Sector 4 estaba cargada de ozono y desprecio. Frente a él, el Vanguardia del protegido del Supervisor brillaba con piezas de grado militar. El duelo comenzó con una descarga de cañón de riel que Kael esquivó mediante una maniobra imposible: activó una descarga selectiva del núcleo violeta, forzando un sobreimpulso hidraúlico que hizo que el Centinela se moviera con una velocidad que desafiaba la física del chasis dañado. Kael inutilizó el arma principal del rival con un golpe preciso y brutal. La multitud rugió; un 'desechable' acababa de humillar a la élite.
El Supervisor, observando desde la tribuna, no aplaudió. Cuando Kael bajó del mech, el hombre descendió a la plataforma con una sonrisa de depredador.
—Tu rendimiento ha sido inusual, Kael. Has superado el umbral, pero los recursos siguen bloqueados. Si quieres piezas, tendrás que ganar el derecho a vivir.
El Supervisor impuso una cuota de ascenso inalcanzable para el siguiente piso, revelando que el nivel era una zona de guerra de alta presión. Kael aceptó, dándose cuenta de que el sistema ya no podía ignorarlo; ahora, el sistema intentaría matarlo directamente. El cronómetro en el tablero principal llegó a cero. La puerta blindada se abrió, revelando un entorno de caos absoluto. El Centinela rugió, al borde del colapso, mientras Kael avanzaba hacia el próximo nivel, sabiendo que cada paso era una apuesta contra su propia existencia.