Chapter 10
El zumbido del Caminante-04 ya no era un sonido mecánico; era un gemido metálico que vibraba en las paredes del taller, una frecuencia de parásito que drenaba el aire de la sala. Julián Varga apretó los dientes, sintiendo cómo el calor del núcleo irradiaba a través de sus guantes reforzados. Afuera, el Sector 9 era un grito constante de generadores fallidos y vecinos golpeando las puertas metálicas, exigiendo la luz que el mech les estaba robando.
—Si no detienes la transferencia, el transformador local va a estallar —dijo Valeria, sin apartar la mirada de su consola. Sus dedos se movían con una urgencia febril sobre los hologramas de flujo de energía—. El sistema de la Torre ha detectado el drenaje. Silas no está enviando una patrulla, está enviando una señal de purga. Mira esto.
Valeria proyectó un esquema sobre el pecho del Caminante. El mapa de datos, recuperado de las entrañas prohibidas de la máquina, mostraba una nueva capa de seguridad superpuesta: el Piso de Purga. No era una auditoría. Era una clausura operativa. La Torre estaba cerrando el acceso al nivel superior para cualquiera que no tuviera una reputación de élite confirmada por el Gremio.
—Silas sabe que si subo, expongo lo que hay en el núcleo —gruñó Julián, ajustando un cable de cobre recalentado—. Por eso ha bloqueado el ascensor principal. Quiere que me quede aquí, asediado por los vecinos, hasta que el sistema me declare obsoleto.
Un estruendo sacudió la entrada del taller. La chapa de acero se combó hacia adentro bajo el peso de una masa humana enfurecida. La presión social era un arma que Silas manejaba mejor que los centinelas; al convertir a Julián en el responsable del apagón, el Comandante había transformado a los aliados de ayer en los verdugos de hoy.
—Si abres la puerta, te lincharán —advirtió Valeria, su voz rompiéndose por un instante—. Pero si no entregas energía, el Caminante-04 se bloqueará permanentemente. Julián, el sistema no solo nos está drenando a nosotros. Está usando la infraestructura de la red para procesar datos de los niveles superiores. Es un procesamiento biológico. Mi hermano… el sistema está usando la red de energía para estabilizar a los sujetos de prueba.
Julián sintió una náusea fría. La revelación no era una teoría; era el costo real de la supuesta eficiencia de la Torre. La reputación no se ganaba con méritos, se extraía de las vidas de los que se quedaban abajo.
—Déjalos que golpeen —dijo Julián, su voz resonando con una frialdad nueva, mientras activaba el protocolo de sobrecarga—. No voy a devolverles la luz. Voy a usarla para romper el piso. Si Silas quiere mi reputación, se la daré en el único lenguaje que la Torre entiende: la caída de un nivel completo.
El Caminante-04 se iluminó con un resplandor azul eléctrico, un color que no debería existir en el Sector 9. La puerta del taller cedió con un chirrido agónico, revelando las siluetas desesperadas de sus vecinos, pero Julián ya no los veía como enemigos, sino como testigos de su ascenso. La Torre acababa de anunciar el Piso de Purga, y él acababa de decidir que nadie más subiría por el camino legal.
En la Plaza Central, las pantallas gigantes chisporrotearon. La imagen de Silas llenó el cielo artificial, su rostro impecable contrastando con la ruina del entorno.
—La anomalía Julián Varga ha agotado los recursos vitales —la voz de Silas retumbó—. La Torre declara el 'Piso de Purga'. Todo aquel que entregue la cabeza del Caminante-04 recibirá una licencia de ascenso inmediato. La debilidad ha dejado de ser una opción.
Julián activó los propulsores del Caminante-04. El metal se quejó, pero respondió. La purga no era un obstáculo; era la única ruta hacia el corazón del sistema. La apuesta se había elevado: ya no luchaba por su libertad, sino por la humanidad de los que el sistema llamaba 'recursos'.
Al cruzar el umbral del Piso de Purga, una subrutina de datos oculta se desplegó en su visor. Allí, entre códigos de control y registros de energía, vio un nombre: el hermano de Valeria, marcado como 'Unidad de Procesamiento Biológico: Estado Activo'.