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Chapter 5: Sincronización forzada

Julián utiliza el módulo Clase A para infiltrar un puesto de control de la Academia durante una tormenta eléctrica. Tras ser borrado de los registros humanos y clasificado como 'error del sistema', logra destruir un Centinela de seguridad, confirmando que la Academia busca erradicarlo como una anomalía técnica.

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Sincronización forzada

El zumbido de 'La Chatarra' ya no era el chirrido metálico de chatarra reciclada; era un pulso grave, una frecuencia que vibraba bajo la piel de Julián como si el mech intentara devorar su sistema nervioso. En el taller de Mateo, la luz de neón parpadeaba con una cadencia errática, reflejando el estado crítico del sistema.

—El módulo Clase A está reescribiendo la interfaz —dijo Mateo, con los nudillos blancos de tanto apretar una llave de torque—. Julián, si te conectas ahora, el mech no te reconocerá como su piloto. Te tratará como a un intruso.

Julián no respondió. Su mirada estaba fija en la pantalla de diagnóstico. La licencia de piloto, el código que le permitía legalmente comandar una máquina en la Torre, había desaparecido. En su lugar, el registro de la Academia mostraba una línea roja parpadeante: Error del Sistema: Entidad No Identificada.

—Si no subo a la plataforma y salgo de este nivel antes de que la patrulla termine de sellar el sector, terminaré en el desguace —respondió Julián, su voz cortante. Se deslizó en la cabina. El asiento estaba frío, pero el panel de control brillaba con una luz azul cobalto que no debería existir. Al activar el enlace neuronal, el dolor le golpeó como una descarga eléctrica. No era la conexión estándar; era una intrusión. El módulo Clase A estaba mapeando sus recuerdos, sus reflejos y su pulso, buscando una firma vital que la Torre ya no quería reconocer.

La tormenta eléctrica de la Torre, una purga de datos programada que saturaba los niveles industriales con estática de alto voltaje, fue su única cobertura. Mientras los sensores de la Academia se volvían ciegos ante el ruido electromagnético, Julián se deslizó por los conductos de servicio. Cada articulación de 'La Chatarra' emitía un chirrido que el módulo Clase A amortiguaba con una inversión de fase precisa.

—Tienes tres minutos antes de que el ciclo de limpieza reinicie los protocolos —advirtió Mateo a través del enlace codificado—. Si te detectan, no te arrestarán. Te borrarán.

Julián se conectó al terminal central del puesto de control. El dolor de la sincronización le atravesó el cráneo como un clavo ardiente, pero el resultado fue peor de lo que temía. No había datos de arresto, ni órdenes de captura. El sistema simplemente no lo encontraba. Su nombre, su historial y su estatus de ciudadano habían sido purgados. Para la Torre, él era un virus, un error de lógica en un sistema perfecto.

Un Mech de Seguridad 'Centinela', alertado por la anomalía, bloqueó el pasillo de servicio. Su blindaje pulido brillaba con un rojo gélido bajo las luces de emergencia.

—Error de registro detectado —la voz sintética del Centinela resonó—. Unidad no autorizada. Proceda a la inmovilización forzada.

Julián no dudó. Con el módulo Clase A latiendo en su nuca, activó la 'capa fantasma'. El mundo se tiñó de estática azul. Julián sintió que la realidad se volvía translúcida, un efecto de refracción que engañaba a los sensores del enemigo. Los proyectiles del Centinela atravesaron el vacío donde 'La Chatarra' había estado un milisegundo antes. Julián aprovechó el giro de la torreta enemiga para sobrecargar el sistema de refrigeración del Centinela, forzando una explosión interna que dejó al coloso inhabilitado en mitad del pasillo.

Al regresar al taller, el silencio era sepulcral. Mateo examinaba la pantalla, donde la ausencia del nombre de Julián brillaba más que cualquier advertencia.

—No es un error de lectura —dijo Mateo, señalando los registros—. La Academia ha clasificado a todos los 'no autorizados' como IA defectuosa. Para ellos, tú no existes. Eres una anomalía que debe ser eliminada antes del amanecer.

Julián miró sus propias manos, aún temblorosas por el enlace. La Rectora Solís observaba el duelo en directo desde una pantalla pública, sus ojos fijos en el código que Julián había ejecutado. Él ya no era solo un piloto; era el virus que la Torre estaba a punto de erradicar. La inspección de la plaza mañana no sería un examen; sería una ejecución.

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