Novel

Chapter 1: El chatarra no vuela

Julián Varga falla su examen de ascenso ante la Academia, siendo marcado públicamente como 'Desechable'. Mientras intenta rescatar los restos de su mech en el vertedero, encuentra un módulo de clase A prohibido. Al instalarlo, el sistema operativo de su unidad se reescribe, otorgándole acceso privilegiado justo antes de que la patrulla de limpieza llegue a su taller.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El chatarra no vuela

El rugido de 'La Chatarra' no era el de un motor de clase A; era el gemido agónico de metal soldado con desesperación y piezas de desguace. En el centro del Campo de Pruebas de la Academia, Julián Varga apretaba los controles con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Ante él, la pantalla de carga mostraba una barra de energía parpadeando en rojo: 84%, 89%, 95%. Si alcanzaba el 100%, su licencia de piloto sería ratificada y su estatus en la Torre dejaría de ser una mancha en el sistema.

—Aumenta la presión, Varga —ordenó la voz de Valeria Solís desde la plataforma de jueces, amplificada por los altavoces del sector. Su desdén era una barrera invisible que asfixiaba a los pilotos de nivel bajo—. O demuestras que ese amasijo de hierro es funcional, o el sector se encargará de purgar el desperdicio.

Julián sintió una vibración violenta recorriendo el chasis. No era una sobrecarga natural. La Academia manipulaba el flujo de potencia, inyectando picos de voltaje diseñados para freír los circuitos de los mechs no autorizados. El sistema exigía una carga que el mech, por diseño, no podía soportar. Julián ajustó manualmente los disyuntores de emergencia, pero un estallido sordo sacudió la cabina. El humo negro brotó de la articulación del hombro derecho. La pantalla de carga se congeló en 99% antes de desplomarse a cero. En las fachadas de neón que rodeaban el campo, su estatus cambió instantáneamente: de 'Candidato' a 'Desechable'. La multitud, compuesta por cadetes de élite y burócratas de la Torre, comenzó a abuchear mientras las grúas de extracción descendían para retirar el cadáver metálico de su unidad.

Horas después, en el Nivel Inferior, el aire sabía a ozono y metal oxidado. Julián se arrastraba bajo los restos de 'La Chatarra' en el vertedero, buscando desesperadamente cualquier componente que no estuviera fundido.

—Si no cierras el bypass del núcleo antes de que la patrulla de limpieza llegue, te confiscarán hasta los tornillos —gruñó Mateo, el viejo ingeniero renegado, mientras apuntaba con una linterna parpadeante al chasis abierto.

—No puedo dejarlo, Mateo. Si pierdo este bastidor, pierdo el derecho a la prueba. Es mi única forma de ascender —replicó Julián, limpiándose el sudor aceitoso.

De repente, una luz blanca y cegadora barrió el callejón. El zumbido de un dron de patrulla, con su inconfundible tono autoritario, vibró en las paredes de chapa. La Academia no perdía el tiempo; el protocolo de depuración era inmediato. En medio del caos, Julián vio algo brillante enterrado bajo una pila de cables de desecho: un módulo de procesamiento de clase A, cuya carcasa dorada contrastaba con la mugre del vertedero. Mientras Mateo gritaba para que huyeran, Julián se lanzó sobre el módulo, arriesgando su vida para arrebatarlo del lodo justo antes de que el dron disparara su rayo de desintegración contra el suelo donde segundos antes yacía el objeto.

Ya en su taller clandestino, con la puerta bloqueada por vigas de acero, Julián conectó el módulo al puerto central de 'La Chatarra'. El objeto vibraba con un pulso gélido contra su palma.

—Si esto explota, no solo perderemos el taller —advirtió Mateo desde la esquina, limpiándose las manos con un trapo lleno de hollín—. Nos borrarán del registro antes de que termine el turno de noche.

Julián no respondió. Su mirada estaba clavada en el monitor de diagnóstico. La integridad del chasis marcaba un 42%, una cifra patética, pero el sistema operativo estaba reaccionando. Los protocolos de seguridad de la Academia, diseñados para limitar la potencia de los motores de bajo nivel, intentaron bloquear la intrusión del módulo. Fue un choque de códigos: una resistencia estática contra un flujo de datos de alta frecuencia que comenzó a reescribir la lógica del mech desde adentro. De repente, el monitor dejó de parpadear. El sistema de 'La Chatarra' se reinició, iluminando el taller con un tono azul profundo, mostrando un nivel de acceso privilegiado que no debería existir. En ese instante, un golpe violento sacudió la puerta del taller: la patrulla de la Academia había llegado.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced