La jerarquía rota
El aire en el Piso 4 no olía a gloria académica, sino a ozono quemado y a aceite industrial recalentado. Mateo sintió el tirón agónico de los actuadores del Chatarra-7; el brazo izquierdo, maltrecho tras la entrada forzada, emitía un zumbido metálico que le taladraba los dientes. Frente a él, la silueta pulcra y arrogante del frame de élite del Instructor Vane bloqueaba el acceso al núcleo de control.
—Tu juego de desguazador termina aquí, Mateo —la voz de Vane resonó a través de los altavoces de la Torre, distorsionada por la estática de la transmisión en vivo que mantenía a la ciudad entera como testigo. Vane no esperó. Su unidad, un modelo de vanguardia bañado en esmalte blanco, disparó una ráfaga de cañones de pulso. Mateo reaccionó por puro instinto, desviando la energía hacia el módulo Aegis-Zero. El impacto hizo que el Chatarra-7 se tambaleara, el metal quejándose bajo la presión. La audiencia virtual rugía; Vane estaba usando armamento pesado prohibido en una zona civil, convirtiendo su autoridad en una farsa sangrienta.
—¡Ahora, Valeria! —rugió Mateo por el canal abierto. Valeria, oculta tras una viga maestra de acero forjado, no dudó. Su unidad de apoyo se deslizó por el techo, lanzando una granada de pulso electromagnético que cegó los sensores de Vane durante un segundo crítico. Fue suficiente. Mateo no buscó la victoria técnica, buscó el desmantelamiento.
Cargó contra el instructor, sacrificando el brazo izquierdo ya agonizante del Chatarra-7 para bloquear el cañón principal de Vane. El metal chirrió, se retorció y finalmente cedió con un estallido de chispas blancas. Mateo aprovechó el hueco, hundiendo el núcleo de su frame contra el pecho del modelo de élite. La sobrecarga fue absoluta. Una onda expansiva de energía industrial recorrió la plataforma, lanzando a Vane contra los mamparos. El instructor quedó reducido a un despojo entre los restos de su propia arrogancia, mientras Mateo se alzaba, con el frame destrozado pero con el sistema de la Torre respondiendo a su mando.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier explosión. En las pantallas de la ciudad, la imagen del Instructor Vane derrotado por un estudiante de clase baja era una sentencia de muerte para la Academia. Pero no hubo tiempo para celebraciones. Un pitido agudo, distinto a cualquier alerta de la Torre, comenzó a resonar. El techo industrial del Piso 4 empezó a vibrar, los pistones gigantescos moviéndose con una cadencia que no pertenecía a un edificio, sino a una máquina en pleno despegue. En el cielo de la ciudad, un mensaje proyectado en letras de fuego anunció: 'Nivel 5 desbloqueado'. Mateo sonrió, sintiendo cómo la estructura, su nave, despertaba finalmente bajo sus pies.