La mirada de la Academia
El taller de desguace de la Academia apestaba a ozono quemado y a la desesperación de los que nunca deberían haber subido. Mateo entró arrastrando el Chatarra-7, cuyas articulaciones emitían un chirrido agónico que ponía los dientes de punta. El brazo derecho, una masa de acero retorcido y cables expuestos, colgaba inútil contra el chasis. En el monitor central, el diagnóstico brillaba en un rojo inclemente: Integridad estructural 17%.
—¿Cuánto crees que aguantará la Federación antes de sacarte del ranking por chatarra ilegal? —escupió el técnico de turno sin levantar la vista de su tablet.
Mateo no respondió. Conectó el exotraje al banco central del taller. No buscaba una reparación reglamentaria, sino una tregua. En el monitor auxiliar, el módulo prohibido latía con un verde tóxico, casi orgánico. No era solo un componente; era un parásito mecánico. Mateo observó cómo el módulo desviaba energía de los sistemas vitales del frame para soldar las fisuras del chasis. El Chatarra-7 se estaba reparando a sí mismo, pero el precio era el agotamiento de su núcleo. Si no superaba el Piso 2, no habría nada que rescatar.
Al salir hacia los pasillos, el aire frío de la Academia lo golpeó. El murmullo de los cadetes lo seguía como una marea; para ellos, él era una anomalía, un desguazador que había osado reclamar el Rango 1000. Antes de llegar a la zona de mantenimiento, una figura impecable bloqueó su camino. Valeria, con su uniforme de élite que contrastaba con la grasa que manchaba la piel de Mateo, lo observaba con una frialdad quirúrgica.
—El sistema no comete errores, Mateo —dijo ella, elevando la voz para que los curiosos cercanos escucharan—. Un desguazador no obtiene esa sincronización de la noche a la mañana. Ese módulo no te pertenece; es un activo robado. Entrégalo ahora y quizás pueda convencer a Vane de que tu expulsión sea discreta.
Mateo apretó los puños, sintiendo el calor del módulo vibrando en su columna lumbar. No tenía tiempo para los juegos de linajes.
—El sistema ya me validó, Valeria. El Rango 1000 no se regala, se arrebata. Si quieres el módulo, vas a tener que quitármelo en la Torre.
La respuesta de Valeria fue una sonrisa gélida. Antes de que él pudiera apartarse, el Instructor Vane apareció al final del pasillo, flanqueado por dos guardias de seguridad. Su uniforme estaba tan almidonado que parecía una armadura, y su terminal parpadeaba con el Rango 1000 de Mateo en rojo sangre.
—Tu sincronización es una anomalía —sentenció Vane, ignorando cualquier protocolo de cortesía—. He revocado tus permisos de acceso al Piso 2. La seguridad de la Academia no permitirá que un modelo sin certificación oficial comprometa la integridad estructural.
Mateo sintió el peso del 'Impuesto de Reputación'. Si no se presentaba en la plataforma de lanzamiento antes de la hora límite, la Torre borraría su progreso.
—El sistema no se equivoca, Instructor —respondió Mateo, manteniendo la mirada fija en el terminal de Vane—. El Rango 1000 es legítimo. Si intenta revocarlo, el sistema lo registrará como un sabotaje institucional. ¿Está dispuesto a explicarle a la Junta por qué detuvo a un escalador que acaba de superar el Piso 1?
Vane vaciló, su rostro contrayéndose en una mueca de odio puro. Incapaz de detenerlo sin violar los protocolos de la Torre, Vane tecleó una orden rápida en su terminal.
—Muy bien, Mateo. Si quieres morir, hazlo en el Piso 2. He reprogramado tu entrada. No será una arena, sino una prueba de estrés de alta dificultad. Tu chatarra se desintegrará antes de que veas el primer jefe.
Mateo se dirigió a la plataforma, ignorando el miedo que empezaba a calar en sus huesos. Valeria se acercó una última vez, susurrando cerca de su oído mientras las puertas de la Torre comenzaban a abrirse con un estruendo metálico.
—Sé que ese módulo no es tuyo, Mateo. Entrégalo o te destruiré en el próximo piso.
Mateo no respondió. Activó el Chatarra-7 y sintió cómo el calor del módulo prohibido se sincronizaba con su pulso. Las puertas se abrieron, revelando no un camino, sino un abismo de engranajes diseñados para incinerar cualquier frame no estándar. La trampa estaba servida, y él era el único que podía cruzarla.