Compensación plena
La luz de la mañana no se filtraba por las persianas del ático; esta vez, las atravesaba con una insolencia que borraba las sombras de los rincones gélidos. Elena se detuvo en el umbral del comedor, observando cómo el sol se posaba sobre el mármol que, durante meses, había servido como frontera desmilitarizada entre dos extraños en guerra. Hoy, el campo de batalla estaba desierto de tensiones contractuales. Julián estaba de pie junto a la cafetera, con la camisa blanca desabrochada en el cuello y
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