La máscara de seda y acero
El vestidor de Julián Varela era un mausoleo de mármol y cristal, tan gélido que el aire parecía cortante. Elena permanecía inmóvil mientras la estilista, una mujer de movimientos mecánicos, ajustaba el corpiño de un vestido azul noche. No era una prenda; era una armadura diseñada para borrar a la mujer que había sido despojada de su apellido y convertirla en un activo corporativo. Cada alfiler que la mujer clavaba en la seda era un recordatorio de que su identidad estaba siendo sepultada bajo el contrato de fusión que Julián exigía.
La puerta se abrió con un chasquido seco. Julián entró, su presencia llenando el espacio c
Preview ends here. Subscribe to continue.