Ajuste de cuentas
El vestido negro de Elena aún conservaba el rastro de la mancha de vino tinto que su tía le había arrojado la noche anterior. Era una marca de guerra, una prueba tangible de que para los Valdés ella nunca sería más que un error en el balance contable. Al cruzar el vestíbulo de Varela Corp., sus tacones resonaron contra el mármol con una precisión militar. Los guardias, que antes la habrían ignorado, esta vez inclinaron la cabeza; el estatus era una moneda que Julián Varela había decidido acuñar a su favor, y ella estaba dispuesta a gastarla.
Julián la esperaba en la sala de juntas del piso dieciocho. A través de los ventanales, la Ciudad de México se desplegaba como un tablero de ajedrez, pero Elena ya no veía solo el
Preview ends here. Subscribe to continue.