El precio de la caída
El salón de baile del Hotel Imperial no era un espacio de celebración, sino un tribunal de mármol y cristal. Elena Valdés caminaba sobre el parqué pulido con la precisión de quien sabe que cada paso es diseccionado por la élite de Ciudad de México. Su vestido de seda oscura, antaño símbolo de su estatus, ahora se sentía como una armadura demasiado ligera para la lluvia de flashes que la acosaba desde la entrada.
—Elena, ¿es cierto que el desfalco de tu padre asciende a los nueve dígitos?
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