El precio de la verdad
El silencio en la suite presidencial del Hotel Imperial era más pesado que el estruendo de los flashes de la conferencia de prensa. Elena Varela permanecía junto al ventanal, observando el tráfico de la Ciudad de México como si fuera un engranaje ajeno. En su mano, el teléfono móvil pesaba más que un arma; la co
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