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Chapter 10: El precio de la verdad

Elian y Valeria acceden a la Sala de Control, donde confirman que la Academia es un nodo de succión de energía a escala continental. Con la ayuda de Kaelen, Elian inicia una sobrecarga sistémica que colapsa la red de extracción, provocando el inicio de la purga global y el derrumbe de la Escalera Central.

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El precio de la verdad

El mármol del Nivel de Élite no era piedra; era una superficie translúcida que vibraba con el pulso agónico de miles de cultivadores drenados. Elian Vane se apoyó contra la pared, sintiendo cómo su núcleo inestable intentaba absorber el exceso de energía que saturaba el aire. A su lado, Valeria Solís mantenía su espada desenvainada, aunque sus manos temblaban. No era miedo; era la cruda revelación de que el linaje que ella tanto había defendido la había sentenciado a la purga por simple conveniencia estadística.

—Si los sensores nos detectan, no habrá juicio —susurró Valeria, su voz despojada de su habitual altivez—. La élite no permite intrusos en la sala de mando.

Elian no respondió. Sus ojos estaban fijos en la puerta dorada al final del corredor, protegida por una barrera de maná que emitía un zumbido constante. Sus meridianos, marcados por la quemadura permanente de su núcleo, palpitaban con un dolor sordo, pero el mapa que había extraído de los archivos confirmaba su sospecha: la Academia no era un centro de enseñanza, sino un nodo de succión continental. Cada examen, cada ranking, era un filtro para seleccionar la energía más pura antes de enviarla hacia arriba, hacia una estructura de poder que se extendía mucho más allá de los muros de la fortaleza flotante. Elian utilizó su técnica de «bombeo por vacío», drenando la energía de una lámpara de maná cercana. La barrera parpadeó, revelando una brecha.

Dentro de la Sala de Control, el aire era metálico, cargado con el ozono de una energía que no debería haber sido canalizada por manos humanas. Elian se desplomó contra la consola central, su mano derecha ardiendo con la marca de quemadura que palpitaba al ritmo de un corazón agónico. Cada pulsación era un recordatorio: su núcleo inestable estaba drenando su propia vitalidad para alimentar el sabotaje.

—Elian, detente. Si sigues forzando la sobrecarga, tus meridianos se convertirán en cristal —Valeria se acercó, observando cómo las pantallas holográficas proyectaban la red de la Academia: una intrincada malla de hilos dorados que se extendían más allá de las fronteras, conectándose a una estructura continental que palpitaba como un corazón artificial. La Academia no era una escuela; era una bomba de succión, y ellos estaban en el detonador.

—Si me detengo, la purga nos alcanza a ambos —gruñó Elian, sus dedos tamborileando sobre los comandos. La interfaz respondió con un chirrido de estática, revelando el flujo real: la energía de los estudiantes de bajo rango no se perdía, se destilaba y se enviaba a los niveles superiores y más allá. Era una cosecha sistemática de talento. Valeria se quedó paralizada ante la evidencia. Su linaje, su prestigio, todo lo que ella había creído un derecho de nacimiento, era simplemente el subproducto de una carnicería a gran escala. Con un movimiento decidido, Valeria autorizó el acceso, convirtiéndose en traidora a su propia sangre.

El sistema comenzó a emitir una alarma de purga global. La Academia entera empezó a temblar mientras la red de extracción continental sufría un cortocircuito catastrófico. Entonces, una figura surgió de las sombras tras los paneles de mando: el Maestro Kaelen. Su cinismo habitual había sido reemplazado por una urgencia febril mientras manipulaba los controles.

—No hay tiempo para crisis existenciales —escupió Kaelen, sin mirarles—. La sobrecarga que iniciaste ha disparado el protocolo de purga. La Academia está sellando los niveles. En diez minutos, este edificio no será una escuela, sino un horno hermético destinado a purgar a cualquiera que no tenga el sello de la élite.

Elian sintió que el suelo bajo sus pies comenzaba a fracturarse. La Escalera Central, el símbolo de su ascenso, estaba crujiendo bajo la presión de la energía que él mismo había redirigido. No había vuelta atrás. La Academia no era más que un satélite de succión; al romper su núcleo, Elian había expuesto la red que alimentaba al continente entero. Mientras la estructura se desmoronaba, Elian redirigió el flujo restante hacia su cristal de vacío, convirtiendo su baliza de rastreo en un arma de sobrecarga. El derrumbe de la Escalera no era el final; era el sonido de la guerra comenzando. La sobrecarga de energía que Elian provocó comenzó a colapsar la Escalera, atrapando a todos en el nivel actual.

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