Chapter 9
El despacho de Don Ernesto no olía a dinero, sino a papel viejo y a una humedad que se adhería a la garganta. Sobre la mesa, el manifiesto del Esperanza no era solo un documento de carga; era un mapa de lealtades forzadas. Valeria lo observó, sintiendo el peso de la firma que le exigían. Ya no era la sobrina que buscaba respuestas; era el activo que el sistema necesitaba para no colapsar.
—Dime la verdad, Ernesto —dijo Valeria, su voz firme, despojada de la cortesía que el barrio exigía—. ¿Mi vida fue
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