Chapter 5
La oficina de Don Ernesto olía a papel rancio y a té frío, una atmósfera que Valeria ahora reconocía como el aroma de la asfixia. No esperó a que él levantara la vista de sus registros. Dejó caer el manifiesto del Esperanza sobre el escritorio, justo sobre una pila de facturas que no tenían nada que ver con el negocio de importación. El papel, con el sello de aduana de hace veinte años, era una sentencia de muerte para la memoria de su padre.
—Dime que es una coincidencia, tío —dijo Valeria. Su voz era un hilo de acero, sin rastro de la duda que la había traído hasta aquí.
Ernesto no se inmutó. Sus dedos, manchados de tinta seca, se po
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