La hora de la verdad
El aire en la barricada de la calle 14 sabía a hollín y a miedo contenido. Matías apretaba el lomo del libro de contabilidad contra su pecho, sintiendo el relieve de las páginas como un pulso ajeno que le dictaba el ritmo de la noche. Frente a ellos, el despliegue policial no era una patrulla de control; era una formación cerrada, un muro de cascos y escudos que reflejaban el azul eléctrico de las sirenas, cortando el acceso al bloque. Don Chen, a su lado, tenía la mirada fija en las insignias de los oficiales.
—No vienen a mediar, Matías —su
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