La última costura del silencio
El candado de la tienda de mi tía no cedió por el desgaste, sino por la brutalidad de una palanca. Al empujar la puerta, el aire viciado me golpeó con una mezcla familiar de aceite de máquina, té de jazmín y algo más agrio: el rastro del abandono. Sobre el cristal de la vitrina principal, un aviso de demolición de la municipalidad, fechado apenas ayer, vibraba con el viento que se colaba por la cerradura forzada. Tenía exactamente cuarenta y ocho horas para vaciar el local antes de que las excavadoras redujeran a escombros
Preview ends here. Subscribe to continue.