Interés emocional
El mármol de la mesa del comedor, pulido hasta un brillo especular, parecía retener el frío de la noche anterior. Julián no miraba a Elena; miraba el café negro que humeaba en su taza, una mancha oscura en la perfección blanca del penthouse. La cena con Beatriz Varela, lejos de ser un mero trámite social, se había convertido en el campo de batalla donde las máscaras de cortesía se habían hecho añicos.
—El silencio no va a borrar lo que tu madre confesó, Julián —dijo Elena, rompiendo la quietud con una voz que, aunque carente de estridencia, cortaba el ai
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